lunes, febrero 20, 2012

Buba en el Taller en Vida

Si tienen chance y ganas, nos vemos el sábado venidero en el Taller en Vida de Arturo Negrete, a partir de las 2:00 PM y hasta que el público deje de aplaudir.


jueves, febrero 16, 2012

Mar de Sangre

Pinchi Buba güevona, ya no se quería despertar para trabajar. Ahora el reto es mantenerla despierta.


martes, febrero 14, 2012

Amores perros y dramas chespirianos




1. Dramas chespirianos
En algún episodio de El Chavo del Ocho (amarga verdad: de niño yo también miraba los programas de Chespirito e incluso los comentaba al día siguiente con la pandilla de la “Himno Nacional Mexicano”), en aquel capítulo, decía, Don Ramón le pide al Chavo que por favor le compre una torta de jamón. El Chavo le dice que sí pero se queda parado sin hacer nada. 
-¿Se puede saber qué estás esperando, Chavito? 
-Pues que me de el dinero para comprarle la torta. 
Don Ramón, encabronado, se lleva la mano al bolsillo mientras le revela una neta inolvidable 
-digo, Chavito, cuando se hace un favor se hace completo ¿no?

Por alguna razón ajena a mi entendimiento, las últimas semanas he recordado nítidamente la escena de este drama chespiriano visto hace más de treinta años y la he relacionado -un poco en broma y un mucho en serio- con los dos meses y medio que la Sambuca estuvo bajo mi cuidado. 
Pensaba -no sin cierta amargura- que rescatar a ese animal de una muerte posible y probable era solo “un favor” a medias, ya que el favor completo implicaba necesariamente su reintegración a la sociedad humana y canina. De ahí la amargura que menciono, porque yo hubiera querido favorecer más a esa sufridora, o por lo menos evitar los episodios de violencia y estrés (en la última pelea con Avellana estuvo a punto de perder un ojo). Hubiera querido que conociera -por mi conducto- un mundo menos hostil que aquél que le había tocado vivir hasta el momento. Hubiera querido quererla más.
Los días pasaron de manera muy nebulosa, perdí la noción del tiempo y tuve que lidiar de cotidiano con un sentimiento de frustración y tristeza. Me reconocí incapaz de garantizar la seguridad de las dos hembras, así que hube que idear barricadas y un sistema como el de la película “Los Otros” de Amenábar, cerrando puertas con llave (porque la Sambuca aprendió de volada el mecanismo de la chapa) y abriendo otras en chinga para que las dos perras no tuvieran oportunidad de encontrarse. 
Varias veces, al borde del llanto -o con el llanto desbordado, ‘pa qué mas que la verdad- maldecía esta injusticia de la vida: había rescatado a un animal indefenso y había tratado -con la mejor intención- de integrarla a nuestra familia híbrida ¿No eran méritos suficientes para que las cosas funcionaran bien? ¿No merecíamos estar mejor todos? ¿Porqué estábamos viviendo -en cambio- esta situación incómoda, estresante y peligrosa?
Por respuesta, sólo escuchaba la voz de Don Ramón diciendo: 
-digo, Chavito, cuando se hace un favor se hace completo ¿no?

2. “Yo soy responsable de mis perros…” repitió el antropoide a fin de recordarlo
Un desconocido antropólogo social me escribió a principios de este año para decirme que estaba interesado en adoptar a la Sambuca. Envió fotos de su patio y de su Rocky (un perro de lo más aparente jugando en un terreno con dimensiones inimaginables para los chilangos).
Para mi mala fortuna se atravesó un periodo de celo marca diablo para la morenaza y otra tanda de complicaciones que postergaron un mes su entrega. En ese lapso -sin embargo- aprecié de distinta manera a la Sambu, bajo la certeza de que en breve iba a dejar de tenerla bajo mi cuidado. 
Fue en esta parte de la historia cuando entendí que los méritos morales no bastan, que hay que trabajar en multitud de pequeños frentes de batalla para que las cosas funcionen bien, que ningún esfuerzo es demasiado grande para dar buen cauce a la vida de quien depende de nosotros. Aprendí, sobre todo, que no podemos hacer más de lo que podemos hacer. 
El día en que presentamos a Sambuca con su nueva familia comprendí de golpe todo lo que hicimos bien. Meses atrás recibí a una perra insegura, temerosa y triste; un ejemplo lamentable del daño que algunos humanos pueden hacer al espíritu de un animal. 
La perra que entregué a la manada a la que ahora pertenece es otra; confiada, cariñosa, noblísima, muy a gusto consigo misma y -por lo mismo- muy hermosa. Un animal que había cumplido una misión en su breve paso por mi vida; con su extraño acto de psicomagia ayudó a quitarme una cadena que me ataba a algún árbol imaginario.
Vaya uno a saber si en su cabeza no resonaba también la voz de Don Ramón diciéndole: Cuando se hace un favor, se hace completo.

3. Esto no es un final feliz
Por Uriel y Janett, los nuevos dueños de Sambuca, sólo tengo sentimientos de respeto y empatía. No pude imaginarme un mejor destino para la perrita; no sólo por el confortable espacio y el compañero perruno que le han aparejado, sino por ellos mismos. 
Este episodio ha sido harto edificante porque todos los seres humanos que participaron en él (Nieves, Gerardo -el veterinario-, Uriel, Janett y César Millán, desde la cuarta temporada de El Encantador de perros) son el tipo de mexicanos que hacen falta para que a este país no termine de llevárselo la chingada. Y no lo digo particularmente por esta coyuntura canina, que no es sino una extensión de su actitud cotidiana para encarar el día a día mesoamericano. 
Uriel y Janett, por ejemplo, son dos jóvenes de extracción popular con doctorado o maestría en asuntos emparentados con las Ciencias Sociales, pero que igual se saben arremangar la camisa para chingarle en labores que la mayoría de los clasemedieros pagarían por que otros hagan (ustedes me entienden). Son el tipo de gente que trabaja con el mismo entusiasmo con las manos, el cerebro y el corazón (que como sabemos, radica en el cerebro). Son el tipo de gente que me cae bien.
Nunca les agradeceré lo suficiente que hayan tomado la estafeta en la rehabilitación de Sambuca, y por lo que me cuenta Uriel en su último correo, en un par de semanas lo han hecho mejor que quien esto escribe.
Que esto no sea el final, sino un principio feliz.

La Sambuca y el Rocky

El Rocky y la Sambuca


4. El adiós
-¡Ah! -dijo el antropoide-, lloraré. 
-Tuya es la culpa -le dijo la perrita-, yo no quería hacerte daño, pero tú has querido domesticarme… 
-Ciertamente -dijo el antropoide. 
-Y vas a llorar!, -dijo la perrita. 
-¡Seguro! 
-No ganas nada. 
-Gano -dijo el antropide- he ganado a causa del color de la sambuca.

Con perdón de don Toño Santos Exupery.

Dibújame un Pote


Trufa


Hace tres años, cuando adoptamos a Avellana, mi cuñado comentó que la perra iba a estar muy agradecida pero quien tendría que estar más agradecido era yo. 
No le faltó razón, el bagaje de experiencias y situaciones nuevas que trajo esa compañera a nuestra vida común son impagables. Las cosas que he aprendido de mí mismo, las cosas que ella nos ha revelado, los lazos afectivos que hemos construido cotidianamente (porque al principio no me vibró bien ni le inspiré el menor respeto) han sido una lección de vida que no puedo pagar solamente con croquetas Pro Plan.
Resulta que la misma chava que rescató a Avellana de las calles del sur del D.F. (donde la encontró recién atropellada) rescató a otra perrita de características muy parecidas: mestiza, callejera, de tamaño mediano y con problemas de autoestima.
Si alguien puede adoptarla o conoce a otra persona en posibilidad de hacerse cargo de Trufa (que es el nombre de esta hembrita) por favor comuníquese con Gabriela Aguilar (que es el nombre de esta amiga que ha ayudado a varios perros huérfanos de humano a encontrar hogar).
La situación es muy apremiante para Gaby por cuestiones familiares, así que si pueden ayudar a divulgarlo entre los interesados será de gran ayuda para quien también busca ayudar. 
César Millán (me pongo de de pie y alzo la patita), suele decir algo así como: “las mascotas aparecen en nuestra vida por una razón”; si creen que es su caso o conocen a algún humano que necesite que un perro le salve la vida, comuníquense con Gaby por su canal de Facebook.

Mil gracias por el apoyo y un gran abrazo.


Wallpaper Febrero 2012 (Caronte Suite #8)

Boceto en PS y tintas digitales en SketchBook Pro






Aprovecho la ocasión para comentar lo siguiente a quienes estén comenzando a ilustrar digitalmente (como es el caso del camarada Diablos).
El programa estándar para dibujar en compu es -indiscutiblemente- el Photoshop. Existen un montón de aplicaciones mucho más ligeras, menos laberínticas y sobre todo menos caras que el PS, pero se trata en todos los casos de programas que le superan sólo parcialmente y más temprano que tarde salen a relucir sus limitaciones, sobre todo si las usamos en un entorno profesional.
Empero, como complemento o alternativa creativa pueden resultar excelentes opciones. 
Después de devanarme el seso pensando en qué aplicación podría recomendar a quien no está habituado a la interface intimidatoria de Adobe y no puede esperar los dos o tres años necesarios para manejar adecuadamente el programa, creo que la mejor opción es el SketchBook Pro, cuya lógica está pensada para dibujantes y sus limitaciones en cuanto a filtros y funciones diversas significan a la larga una ventaja, porque permiten hacer focus en el dibujo y olvidarse de un montón de opciones que -en principio- resultan innecesarias.
La buena nueva de la que soy portador es que, aparte de ofrecer un periodo de prueba, Autodesk ofrece dos programas totalmente gratuitos (SktechBook Express y SketchBook Copic Edition), que como introducción a la versión Pro y a la propia ilustración digital son bienvenidos por aquellos grafistas que no tenemos en qué caernos muertos.


He dicho.





Wallpaper Febrero 2012

Hasta para ser racistas hay que estar bien informados.




Descarga en el DeviantArt de Buba Shiop