1. Dramas chespirianos
En algún episodio de El Chavo del Ocho (amarga verdad: de niño yo también miraba los programas de Chespirito e incluso los comentaba al día siguiente con la pandilla de la “Himno Nacional Mexicano”), en aquel capítulo, decía, Don Ramón le pide al Chavo que por favor le compre una torta de jamón. El Chavo le dice que sí pero se queda parado sin hacer nada.
-¿Se puede saber qué estás esperando, Chavito?
-Pues que me de el dinero para comprarle la torta.
Don Ramón, encabronado, se lleva la mano al bolsillo mientras le revela una neta inolvidable
-digo, Chavito, cuando se hace un favor se hace completo ¿no?
Por alguna razón ajena a mi entendimiento, las últimas semanas he recordado nítidamente la escena de este drama chespiriano visto hace más de treinta años y la he relacionado -un poco en broma y un mucho en serio- con los dos meses y medio que la Sambuca estuvo bajo mi cuidado.
Pensaba -no sin cierta amargura- que rescatar a ese animal de una muerte posible y probable era solo “un favor” a medias, ya que el favor completo implicaba necesariamente su reintegración a la sociedad humana y canina. De ahí la amargura que menciono, porque yo hubiera querido favorecer más a esa sufridora, o por lo menos evitar los episodios de violencia y estrés (en la última pelea con Avellana estuvo a punto de perder un ojo). Hubiera querido que conociera -por mi conducto- un mundo menos hostil que aquél que le había tocado vivir hasta el momento. Hubiera querido quererla más.
Los días pasaron de manera muy nebulosa, perdí la noción del tiempo y tuve que lidiar de cotidiano con un sentimiento de frustración y tristeza. Me reconocí incapaz de garantizar la seguridad de las dos hembras, así que hube que idear barricadas y un sistema como el de la película “Los Otros” de Amenábar, cerrando puertas con llave (porque la Sambuca aprendió de volada el mecanismo de la chapa) y abriendo otras en chinga para que las dos perras no tuvieran oportunidad de encontrarse.
Varias veces, al borde del llanto -o con el llanto desbordado, ‘pa qué mas que la verdad- maldecía esta injusticia de la vida: había rescatado a un animal indefenso y había tratado -con la mejor intención- de integrarla a nuestra familia híbrida ¿No eran méritos suficientes para que las cosas funcionaran bien? ¿No merecíamos estar mejor todos? ¿Porqué estábamos viviendo -en cambio- esta situación incómoda, estresante y peligrosa?
Por respuesta, sólo escuchaba la voz de Don Ramón diciendo:
-digo, Chavito, cuando se hace un favor se hace completo ¿no?
2. “Yo soy responsable de mis perros…” repitió el antropoide a fin de recordarlo
Un desconocido antropólogo social me escribió a principios de este año para decirme que estaba interesado en adoptar a la Sambuca. Envió fotos de su patio y de su Rocky (un perro de lo más aparente jugando en un terreno con dimensiones inimaginables para los chilangos).
Para mi mala fortuna se atravesó un periodo de celo marca diablo para la morenaza y otra tanda de complicaciones que postergaron un mes su entrega. En ese lapso -sin embargo- aprecié de distinta manera a la Sambu, bajo la certeza de que en breve iba a dejar de tenerla bajo mi cuidado.
Fue en esta parte de la historia cuando entendí que los méritos morales no bastan, que hay que trabajar en multitud de pequeños frentes de batalla para que las cosas funcionen bien, que ningún esfuerzo es demasiado grande para dar buen cauce a la vida de quien depende de nosotros. Aprendí, sobre todo, que no podemos hacer más de lo que podemos hacer.
El día en que presentamos a Sambuca con su nueva familia comprendí de golpe todo lo que hicimos bien. Meses atrás recibí a una perra insegura, temerosa y triste; un ejemplo lamentable del daño que algunos humanos pueden hacer al espíritu de un animal.
La perra que entregué a la manada a la que ahora pertenece es otra; confiada, cariñosa, noblísima, muy a gusto consigo misma y -por lo mismo- muy hermosa. Un animal que había cumplido una misión en su breve paso por mi vida; con su extraño acto de psicomagia ayudó a quitarme una cadena que me ataba a algún árbol imaginario.
Vaya uno a saber si en su cabeza no resonaba también la voz de Don Ramón diciéndole: Cuando se hace un favor, se hace completo.
3. Esto no es un final feliz
Por Uriel y Janett, los nuevos dueños de Sambuca, sólo tengo sentimientos de respeto y empatía. No pude imaginarme un mejor destino para la perrita; no sólo por el confortable espacio y el compañero perruno que le han aparejado, sino por ellos mismos.
Este episodio ha sido harto edificante porque todos los seres humanos que participaron en él (Nieves, Gerardo -el veterinario-, Uriel, Janett y César Millán, desde la cuarta temporada de El Encantador de perros) son el tipo de mexicanos que hacen falta para que a este país no termine de llevárselo la chingada. Y no lo digo particularmente por esta coyuntura canina, que no es sino una extensión de su actitud cotidiana para encarar el día a día mesoamericano.
Uriel y Janett, por ejemplo, son dos jóvenes de extracción popular con doctorado o maestría en asuntos emparentados con las Ciencias Sociales, pero que igual se saben arremangar la camisa para chingarle en labores que la mayoría de los clasemedieros pagarían por que otros hagan (ustedes me entienden). Son el tipo de gente que trabaja con el mismo entusiasmo con las manos, el cerebro y el corazón (que como sabemos, radica en el cerebro). Son el tipo de gente que me cae bien.
Nunca les agradeceré lo suficiente que hayan tomado la estafeta en la rehabilitación de Sambuca, y por lo que me cuenta Uriel en su último correo, en un par de semanas lo han hecho mejor que quien esto escribe.
Que esto no sea el final, sino un principio feliz.
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| La Sambuca y el Rocky |
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| El Rocky y la Sambuca |
4. El adiós
-¡Ah! -dijo el antropoide-, lloraré.
-Tuya es la culpa -le dijo la perrita-, yo no quería hacerte daño, pero tú has querido domesticarme…
-Ciertamente -dijo el antropoide.
-Y vas a llorar!, -dijo la perrita.
-¡Seguro!
-No ganas nada.
-Gano -dijo el antropide- he ganado a causa del color de la sambuca.
Con perdón de don Toño Santos Exupery.
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| Dibújame un Pote |





8 comments:
Hermosa anécdota. Los perros son magia :-)
Felicidad maestro ,se la merecen...Ya me hizo llorar chinga!!!
llorar a moco tendido... y no por la historia de la Sambu sino por la moraleja que nos deja: aún podemos confiar que hay posibilidad... espero que ese "atomo de magia" del que me hablaste alguna vez exista aunque sea escondido dentro de los ojos tristes de una perra encadenada.
Muy grato leerte.
Me acerco a este espacio en parte por el interés que siempre me han despertado tus escritos, me encontré con buba dando un paseo por el asfalto de Balderas cuando tenia 3 años, hoy en día soy estudiante de la ENAP y tengo pensado realizar mi especialidad en ilustración.
Tal vez mi anécdota no tenga mucho orden, pero la esencia o sentido de ella es que en tu trabajo nace uno de los ejemplos que me inspiraron a tomar este camino.
No me tomo ningún trabajo enamorarme de aquel personaje corrosivo y construido en una atmósfera metafísica oxidada y de encantarme con el carisma del Pote.
Soy un ser que creció con un cassette de Rodrigo que se alternaba con uno de Nirvana. No tomo mucho para que cayera rendido a las tentaciones del Punk. Y tus escritos me acompañaron con su sensibilidad, y esa compañía lleno mis días tristes, aveces un tanto faltos de esperanza, con una sonrisa.
Hoy quiero hacerte una invitación, me gustaría realizar una entrevista/documental, en parte académica y en parte autodidacta. Al elegir este ejercicio pensé en ti, eres uno de los personajes de los cuales tendría el placer de extender mi mano y atención.
Espero no agobiar a una celebridad del underground, solo me gustaría escuchar en viva voz tu testimonio y lo que creas conveniente compartir.
Atte: Chánez Daniel (Chánez es apellido, y esta chido que me llamen así)
Espero su respuesta, de un hombre siniestro a otro (anormales por usar parte derecha del cerebro).
"Siempre que quise fui todo lo libre que pude, siempre que pude fui todo lo libre que quise"
Puedes visitarme en mi blog Wildmind, ahí tengo la muestra de una tattoo que realize de buba.
Muchas gracias por todo.
las sentidas palabras con las que te refieres a nosotros.
el valor y decisión de salvar a la sambu (que ahora se revuelca bajo mis cuidados, las caricias de jan y el amor apache del rocky).
gracias también por la confianza depositada en nosotros
y gracias por tu trabajo cotidiano, porque en más de una manera, provocas sentimientos, reacciones, emociones y eso, eso no es nada fácil.
Mucho ánimo y gracias por la sambu.
¡Hasta se ve chiquita junto a Rocky!
Pues que te digo, cuando dices que entiendes que no solo los mèritos morales bastan y de ahi en adelante me han sonado a consejo y apoyo, mi vida en este momento se tambalea gacho, parece que sufro un terremoto y voy a seguir el consejo, no puedo hacerlo todo pero haré todo lo que esté a mi alcance hacer.
Que bueno que la sambuca ya un buen lugar y tu la tranquilidad de que pudiste hacer algo por alguien (humano o animal) y ser una diferencia. Mexicanos como tú tambien hacen mucha falta ;D
Un abrazo fuerte <3
La vi gorda... (logro recordar lo flaca que apareció por ahí...).
Satisfaction!
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