El penúltimo mes del año que recién valió madre -cronológicamente hablando- ocupó mis horas trémulas que se negaban a brotar elaborando una serie de ilustraciones para el libro No haremos obra perdurable, de Víctor del Real.
De las casi 50 ilustraciones que eran menester, apenas había terminado una quinta parte en la primera mitad del año y las horas -como perros de presa- corrían traicioneras y ponían en riesgo la impresión puntual del susodicho proyecto editorial, misma que se consumó felizmente en los últimos días de febrero del año en curso, que está resultando más peor que el anterior pero más mejor que el venidero.
El libro en cuestión es un compendio selecto de textos críticos publicados -a manera de columna semanal- en un diario en línea zacatecano. En este recorrido a través de los sucesos más importantes en la vida nacional durante el pesaroso 2009, el camarada del Real analiza, reflexiona y postula sus tesis apuntaladas por años de intensa lectura política, estudio de la historia patria y empatía trotskista.
Si bien su prosa barroca es notablemente plástica y disfrutable, su músculo crítico es severo, de una dureza propia de quien sabe que este país ya no tiene remedio (como me comentó en corto durante el proceso editorial) de manera que el libro transita manteniendo un raro equilibrio entre visceralidad y lucidez, entre el fatalismo y la resistencia.
El volumen tiene además una enorme virtud: su precisión en el ejercicio de la prospectiva. Hay que tener mucho respeto por aquél que nos avisa que ahí viene el lobo y la llegada del mamífero carnicero se cumple cual profecía bíblica (o cual guión de churro hollywoodense, que es mas o menos lo mismo). Ese es un valor del que pocos pueden jactarse y que acredita al Vic como un estudioso preciso en el decir y certero en el predecir.
El cambio de rumbo de la izquierda chaquetera, la escalada fascista contra el sindicalismo mexicano y sus trabajadores, la lumpenpolítica, el manejo farandulero de la cultura, los mitos del CNH y del 68, el deterioro educativo y la crisis mundial -entre muchos otros temas- son materia de análisis de un camarada que, pese a su pesimismo intelectual, aún tiene resuello para proponer:
Por ello, lo actual, me parece, es asumirnos como mayores de edad, capaces de revertir una vida civil detenida por la histórica (e histriónica) pasividad de quienes nos han ofendido con su gobierno.
Sí, revertirla con la herramienta de la crítica, proponiendo reflexiones cuando haya sabiduría y sensatez para ello, comunicando con la sinceridad hoy olvidada por los actuales dueños de la pelotita.

























