jueves, agosto 06, 2009

La insoportable levedad del voto blanco II



El recuento de los daños

Como afirma Miguel Ángel Rivera en su Clase Política del Martes 7 de julio de 2009:

Definitivamente, los berrinches no sirven para nada. Para la asignación de diputados de representación proporcional, se entenderá como votación nacional emitida la que resulte de deducir de la votación total emitida los votos de los partidos que no hayan obtenido el dos por ciento y los votos nulos (…) En consecuencia, los votos nulos hacen crecer los sufragios de los partidos, en especial de los mayores, que con el mismo número de votos recibirán más diputaciones plurinominales. ¿Vale decir que el tiro salió por la culata?


Aunque Julio Hernández López (columnista de toda mi confianza) ya había advertido -semanas antes en su Astillero del 15 de junio de 2009- del poder detrás del blog:

La rápida propagación de la idea del voto nulo ha sido posible, desde luego, mediante la apertura de compuertas mediáticas que sólo pueden operar los mismos que cierran el paso a las discusiones de fondo, trascendentes, verdaderamente transformadoras. Así ha sido posible que, en una teledictadura cada día más cínica, de pronto se viva una presunta explosión primaveral de libertad de pensamiento y de crítica política (sólo en el tema del voto nulo, desde luego).
Los jilgueros electrónicos que durante casi tres años han justificado el fraude electoral y han sido manipuladores cómplices de las trastadas felipistas ahora se vuelven fieros opositores, implacables defensores de las libertades y anuncian y promocionan la panacea anulatoria de moda. Ciudadanos que apoyaron al felipismo no aceptan el error histórico y la responsabilidad política que les corresponde, pero se refugian en el expediente global de que los políticos, todos, han fallado, y pretenden “castigarlos” por parejo.


Con respecto al trozo de tierra patria donde me hice monero, Rodríguez Araujo comenta el Jueves 9 de julio de 2009 en La Jornada:

Y a pesar de que algunos “analistas” pronosticaron que el pueblo de Iztapalapa no entendería cómo votar y que se haría bolas, Rafael Acosta/Clara Brugada se llevaron el triunfo (hay gente que cree, sobre todo entre la clase media, que pobreza es igual a deficiencia mental).
Esos mismos de la clase media, algunos ilustrados, fueron los que propusieron el voto nulo y confiaban en obtener por lo menos 10 por ciento del total de la participación electoral. No lo lograron, salvo en aquellas entidades donde sus compañeros de clase son muchos, porque donde Internet y algunos periódicos de derecha son escasos, el voto nulo fue apenas mayor que en 2003 (Guerrero, por ejemplo). Los que pronosticaron mayor abstención que en las pasadas elecciones intermedias, incluyendo a la ministra del TEPJF, amiga de la primera dama, también se equivocaron: fue menor, aunque por pocos puntos. Y fue aún más baja en aquellos estados donde el PRI sabía que podría ganar o donde más reñida estaría la votación (Campeche, Colima, Jalisco, estado de México, Morelos, Nuevo León, Querétaro, San Luis Potosí, y Yucatán), lo que parecería demostrar que es un partido que sabe de logística electoral, más que otros.


Y he aquí dos puntos que abundan sobre lo ocurrido en el país que no sabe votar. Por un lado, una clase media blogeramente disidente apuntalando a los poderes fácticos (exactamente de modo contrario a como se supone que NO iba a hacerlo). Y por otro esa misma clase satanizando, burlándose, indignándose, flagelándose (y cualquier palabra que termine en “ándose”) por el triunfo de AMLO en Iztapalapa. Lo cual documenta su vulnerabilidad ante la manipulación mediática (internet se ha vuelto una vulgar caja de resonancia ideológica de los grandes medios electrónicos e impresos) y alimenta -de paso- mi total desprecio por los despreciables e ignorantes clasemierderos mexicanos; cuya mediocridad intelectual no suscribo y cuya mediocridad espiritual me resulta (¿ya lo dije?) despreciable.



Adiós a los grandes corruptos

Los clasemierderos mexicanos han optado -evidentemente- por el camino de la chaqueta intelectual.

He leído cuanto ha estado a mi alcance; he charlado amenamente con algunos de los portadores de la revolucionaria opción del voto nulo y lo que encuentro es una retórica fácil, una altura moral conseguida por contraste con la bajeza de los políticos profesionales (y sí, al lado de Chucho Ortega cualquiera es Mahatma Gandhi), una incapacidad de reconocer errores y falencias ideológicas que ya rayan en lo patológico.

Muchos de los adherentes a este movimiento votaron en su momento por Fox y/o Calderón, es decir que forman parte del terrible desmadre por el que atraviesa -quizás de manera irremediable- el país. Y aún así tienen la desvergüenza de poner su jetita de arrogancia y vociferar su “¡si no pueden, que renuncien!” Mientras revisan sus últimos mensajes en el Facebook, donde quieren tener un millón de amigos y así mas fuerte poder ladrar.

Es claro, también, que los portavoces de este movimiento efímero van en busca de ganancias personales. Sus feligreses no parecen darse cuenta de que estos nuevos adalides de la conciencia clasemierdera son simples administradores de la derrota. Ganaron voz pública, ganaron entrevistas en radio, TV y prensa escrita y su derrota de facto (que es ganancia para el PRIAN) se vuelve, por obra y gracia de la alquimia de los necios, en victoria moral.

Be warning: ese es el nuevo dream team que ocupará los espacios políticos, administrativos y culturales que quedarán vacantes cuando los actuales neoliberales sean desplazados, y cuando esto ocurra podremos decir, satisfechos: ¡adiós a los grandes corruptos, los grandes mentirosos y los grandes inmorales! ¡Bienvenidos los pequeños corruptos, los pequeños mentirosos y los pequeños inmorales!


Lejos del paraíso

Pero finalmente este tipo de coyunturas y exabruptos no debieran distraernos si queremos entender realmente lo que ocurre por estas tierras de Dios. Los procesos de cambio real no pasan por territorio clasemierdero ni sus vaciladas de voto blanco; pero entonces ¿por dónde pasa ese obús?

Cierro esta perorata cediendo la palabra al pensamiento de quienes, sin puntualizar en insignificantes coyunturas, analizan y explican el fenómeno de la clase media mucho mejor que yo:

Urge que más y más mexicanos tomemos conciencia de la situación anormal y reaccionemos. Pero esto se logrará por vía de una catarsis, de una muerte y resurrección cultural y no de simulaciones folcloristas de las que tanto gustamos la clase media mexicana.”

“La gente de nivel económico alto no tiene nada en común con los pobres; su interpretación de la vida, sus expectativas, sus satisfacciones, sus preocupaciones, sus referencias mentales, son completamente distintas. “Los de arriba” están muy arriba y “los de abajo” bien abajo. Es la clase media la que debería ser el punto de encuentro entre los extremos, una especie de puente en lo social y en lo político entre “los de arriba” y “los de abajo”, pero tampoco ella cumple este papel, porque está totalmente ocupada en no caer “abajo”, en buscar signos que la separen de los marginados, de los que viven en la extrema pobreza.
La clase media mexicana no tiene conciencia de su ubicación política, tiene mentalidad de masa. Se diría que tiene la cabeza hueca y por eso cualquier cosa la llena. Tiene aspiraciones de mejorar, es cierto, pero sin lograrlo, porque no consigue una autodefinición y se funde con los marginales de la cultura. Tampoco tiene nada en común con el estilo y la interpretación que a la vida dan los muy adinerados, algunos de ellos además aristócratas, si no es querer vestirse como ellos, hablar como ellos, imitar sus ademanes, etcétera.

Mauro Rodríguez y Alicia Villaneda, Los 10 engaños al pueblo de México.


JQ
Agosto 2009


6 comments:

Armando dijo...

Pues qué chido que hayas escuchado con atención todos los argumentos del voto nulo porque aquí nomás descalificas (citas pendejadas, también) y cero rebate/debate.

Ay Mojarro, cuántas neuronas infectadas has dejado en tu paso por el mundo

José Quintero dijo...

Mi estimado Armando:

Cinco puntos puntuales
1. Yo no he dicho haber escuchado “todos” los argumentos del voto nulo, sino “cuanto(s) han estado a mi alcance”, que son fuentes particularmente selectas ¿ya ves porqué se hacen los chismes?
2. Tampoco estoy ofreciendo ningún tipo de debate o rebate (este Blog no fue diseñado para eso), y efectivamente; el post busca descalificar por sus causas últimas (que son las primeras) al movimiento y sus cabecillas.
3. ¿no se vale citar pendejadas? ¿tiene algo de malo citar pendejadas? Para eso son las citas ¿no? Es más, citando al célebre Inodoro Pereyra: “Yo no estoy para las pequeñas pendejadas ¡estoy para las grandes pendejadas!”
4. Pues rola tus fuentes. a lo mejor he leído, escuchado y/o/u debatido con la gente equivocada y hay por ahí (no lo dudo ni tantito) ideas políticas y estrategias serias que terminen por convencerme de las bondades del voto nulo. En una de esas me adhiero al movimiento para el 2012 y termino pegando mi avatar y sumándome a la arrolladora quinta fuerza electoral.
5. Efectivamente, El Valedor ha infectado muchas neuronas; pero no te apures, no le va a quitar mercado al número creciente de anulistos.


Un saludo cordial y están chidos tus blogs. En particular "There is no such thing as WOM's" el cual estoy leyendo con atención en este momento.

JQ

Samolo- Manuel A. Molohua Hernández dijo...

Que onda camarada Pepe (si me permites la confianza porque no te considero neo-ruco). Has despertado en mi algo de curiosidad al leer estos post, que debo decir me agradaron porque llevabas buen rato de no explayar tus corajes virtuales (mea culpa, me divierten, maldito morbo...).

La primera pregunta que ocasionó estas entradas fue ¿Por qué no externar este punto antes de las mencionadas elecciones? Te guste o no eres líder de opinión en cierto punto (aunque sea en el underground o como quieran llamarle, lo cierto es que tienes hartos seguidores).

Segundo, más que pregunta es comentario... clase mierderos, anulistos... siento un tanto de aversión a esas frasecitas mediáticas, como si te adornaran un producto (El tonto FECAL contra el bueno de AMLO, el socialista de MALO contra el buen FELIPILLO... asco) . Aunque debo confesar que los que atacan me parecen más divertidos (clasemierderos,Fecal...) Ok... creo que ese comentario no tiene mayor relevancia...

El tercero, hay un punto que creo que normalmente no se toma en cuenta en muchas cosas, y es que la clase media por lo general no se reconoce a si mismo como tal (o eso es lo que mi experiencia personal no sujeta a método científico formal alguno me ha demostrado), se identifica a si misma como "pobre". Pobre, porque tiene un iPod nano y ya salió el touch, porque tiene Xbox360 en lugar de Play 3, porque su carro esta viejo o no tiene la cantidad de ropa de marca que quisiera...

Ok... detesto escribir en blogs porque de repente me pierdo y ya no se que estaba diciendo, por cierto, te iba a mandar un día de estos una pequeña "reseña" de tu taller de ilustración, de un colega a otro y si te interesa darle una ojeada a mi horrendamente redactada monografía sobre el proceso de ilustración. Si aún os interesa desde que te lo comenté...

Como escribo babosadas...

Gabriel Martínez Meave dijo...

Bajo la brillante retórica –porque la tuya lo es, lo mismo que tu trabajo y la legendaria Buba– acechan algunas ideas con las que no concuerdo, porque se basan en generalizaciones, abstracciones a las que la realidad no siempre accede:

– La clase media, como todas las clases, está compuesta de individuos, con motivaciones, educación y visiones infinitamente diferentes, infinitamente complejas. Nacimiento –o clase social– no equivale a destino. No sé en qué “clase” te ubiques tú, por ejemplo, pero creo que no podríamos definir a Pepe Quintero sólo por la clase a la que pertenece, y mal haríamos en intentarlo.

– Esta manía por las generalizaciones, por la lógica “de masas” es un tema recurrente, crónicamente, en el pensamiento de izquierda. La ausencia de específicos, las frases hechas, las comodidades clasificatorias (siempre es más fácil patear un huacal con etiquetas como “clasemierdero”, “nacos” o “empresarios” que lidiar con personas individuales), son rendijas por las que se acaba colando tu raciocinio, y nos dejan con un sabor de boca fundamentalista en el que no hay diálogo, sólo antagonismos y polaridades.

– No critico tu inclinación política (que no comparto, pero que respeto) ni tus puntos de discusión. Critico tu razonamiento. Sobre todo cuando conduce a un panorama de blanco contra negro, bueno contra malo, los arriba contra los abajo, con un incómodo sandwich en medio, en el que –ni modo– me tocó nacer (lo confieso, provengo de las más negras profundidades de la asquerosa clase media). En tu “cosmología mexicana”, si me permites la palabra, pareciera un clasemediero como yo está condenado de antemano a la “chaqueta intelectual” y a la ausencia en los procesos de cambio... Perdón, pero no lo acepto.

– Pienso que varios de tus puntos sobre el voto nulo son totalmente válidos: estadísticamente no hicieron sino apoyar al PRIAN, como comentas. Donde no estoy de acuerdo es que TODOS los que anularon su voto lo hicieron por los motivos blandengues, facilones y “reaccionarios” que citas. Creo que mucha gente lo hizo como una queja honesta –si bien ingenua– contra un sistema político corrupto y partidócrata, que se cae a pedazos (con la misma ingenuidad, por cierto, con las que muchos votaron por AMLO, por Fox y hasta por Hitler, cada uno en su momento histórico).

De todas maneras, te agradezco por traer estos asuntos a la mesa, sobre todo en este medio de la ilustración, cómic, diseño y similares... donde no es tan común la plática sabrosa y los blogs –tan clasemedieros, ¡ay!– suelen reducirse a a insípidas bitácoras o lánguidos portafolios...

Un saludo.
(Aunque no lo creas, un admirador de tu trabajo.)

G.

José Quintero dijo...

Mis estimados colegas:
Me late chocolate tener un feedback tan elegante como el que tienen a bien prodigar a este rincón del underground ciberespacial.
Nobleza obliga y estoy obligado a responder de una manera mucho más profusa en un próximo post, en donde expondré a detalle el tema de los clasemierderos para aclarar a quiénes me refiero y porqué empleo un tono tan áspero para con sus personas. Ya verán que van a coincidir conmigo en más de un punto.
Por lo pronto respondo lo inmediato.

Samolo:
Guardé mi opinión con respecto al tema coyuntural porque estaba trabajando a marchas forzadas. Pero además de eso, creo que de nada hubiera servido una reflexión disonante para los convencidos de uno u otro bando electoral. Por ejemplo, una tarde entera platiqué con uno de los mayores promotores del voto útil y después de dos o tres horas de charla me di cuenta de que no me estaba escuchando, que estaba argumentando en automático y (en sus propias palabras) no le interesaba debatir sino ganar la discusión.
A mi me interesa entender las cosas a mi tiempo, a pesar de que este no coincida con el horario mediático. Esta reflexión pública (este post) me parece pertinente en ese sentido.

El tema de los calificativos descalificativos es cuestión de estilo, y -efectivamente- el uso suele ser divertido y el abuso suele abaratar una argumentación. De hecho es el único “pero” que le pongo al estilo de Julio Hernández López, de lejos el más certero y pulcro analista de la realidad nacional cotidiana.
Yo utilizo el término clasemierderos (el único del que reconozco autoría) con la clara intención de irritar a quienes me referiré en el prometido post.
¡Ah! pero el de “anulistos” se los puso una mujer que sí estudió (y es del COLMEX, aunque usted no lo crea).

Un abrazo y saludos a tu chava.

Gabriel:
Debajo de la forma hay fondo. No te vayas con la finta de este post en particular, donde dejé apenas esbozado el tema de los shit class (y no quiero que te quedes sólo con el pre boceto, dame chance de renderearlo).

1. De acuerdo, cometí un error de redacción en donde manejé como sinónimos a los clasemedieros y los clasemierderos, pero ya releí el texto y en las otras referencias cuidé de separar unos de otros. No son lo mismo y ya hablaré de eso más adelante.
(Por cierto, ya corregí ese error para evitar confusiones)
2. Las generalizaciones y las etiquetas son inexactas pero necesarias y hasta útiles para aproximarnos a un fenómeno determinado. La cuestión es etiquetar bien.
Con respecto a las generalizaciones, tú bien sabes lo necesario que es hacer zoom in y zoom out en un archivo de Illustrator o Photoshop, y la importancia de los thumbnails.
No hay análisis sociológico, político o histórico en el que no se utilicen las generalizaciones para hablar de lo macro y las particularidades para hablar de lo micro. Tenemos que ir de lo general a lo particular y esa no es una cuestión maniática ni crónica ni exclusiva del pensamiento de izquierda (los intelectuales orgánicos también generalizan, pregúntale a Krauze). Es una cuestión de método.
3. De los anulistas no critico la ingenuidad, sino la soberbia. Una cosa es ser ingenuo y otra ser obstinadamente ingenuo, o peor aún: arrogantemente ingenuo.
Me abstengo de hablar de los clasemierderos hasta no haber aclarado a lo que me refiero, porque esta deficiente mención tangencial (“mi bad”, como diría un gabacho) está generando una idea equivocada.
Lo que te aseguro es que -pese a mi mala exposición- tengo muy claro la diferencia entre unos y otros. Ya hablaremos de eso, insisto, en otro post al que tu lectura atenta me esta obligando a escribir.

Un saludo cordial
JQ

El Gus dijo...

Muy buenos argumentos Pepe, claro que sabemos de antemano que a nadie le gusta que le digan sus verdades, según parece, mucho menos a los tantos y tantos "wannabes" que pululan por esta ciberrealidad y vaya que lo comprobé en esos meses previos a las elecciones...

tú sigue en lo tuyo, que al fin y al cabo nunca te has distinguido por ser un autor políticamente "correcto" ó por querer agradar a todas esas buenas conciencias...