viernes, diciembre 22, 2006

Convocatoria


Se que con un poco más de tiempo y esfuerzo podría aprender ese maldito sub lenguaje de las hojas de estilo (o CSS por sus siglas en lengua gabacha).
He dedicado algunas tardes a estudiarlo pero creo que hacen falta el tiempo y la paciencia de los que por el momento no dispongo, así que solicito ayuda entre quienes puedan echarme una mano en este trance tecnológico.

Como ya comenté en el primer post del Buba-Blog, tengo la intención de reestructurar el planetabuba.net para actualizar todo su contenido -empantanado en arcaico HTML- y volverlo más ágil y manejable.

La versión 3.0 del sitio deberá ser más comercial, dinámica y mucho más fácil de actualizar (algo parecido al sistema que utilizan -por ejemplo- los blogs); aunque no estoy muy seguro de incluir elementos en Flash, que no termina de convencerme como tecnología de navegación; o sea: quiero un sitio moderno pero no tanto.

¿Alguien tiene disponibilidad? ¿alguien que domine CSS y PHP? lo ideal es que viva en el D.F. y pueda desplazarse acá al estudio para poder trabajar in situ, como decimos los que sabemos latín.

El correo para ponernos en contacto pueden encontrarlo en mi perfil (no quiero hacerlo público porque es la única cuenta que he mantenido a salvo del maldito spam).

En fin, se que no son fechas para andar molestando a la gente ni pidiendo favores, pero ahora sí que es una urgencia.
Saludos cordiales y ya nos veremos por estas coordenadas virtuales el año que viene.

JQ
Diciembre de 2006.

Un dibujo desnudo

Hace siete años dibujé este boceto y aún lo conservo -cosa rara, no suelo acumular demasiada basura- porque tiene ese no sé qué que qué se yo tan difícil de superar o incluso aún de repetir.

Reflexión #1: Cuando el color o un entintado formal son incapaces de vestir a un boceto, más vale que el dibujo permanezca desnudo.

Reflexión #2: ¿En qué radica la magia de la expresión de un rostro? ¿Cuántas líneas hacen falta para comunicar una emoción, una idea?

Me confieso técnicamente incapacitado para repetir estas expresiones de Buba, Nanylka y Guset. Incluso la de los niños que se columpian a su lado, así que prefiero dejarlos jugando ¿alegremente? sin estropear el mundo tembloroso y mal dibujado de este viejo boceto.

Postdata a la galería de fin de año

Con ustedes, queridos contertulios, los últimos tres ejemplares decorosos de ilustración comercial desfilan ante la vuestra mirada crítica antes de yo echarme un clavado al caótico desmadre de mis proyectos personales.
Que con su pan se lo coman.





El festín de los marranos


Diciembre es un mes pródigo en celebraciones, reencuentros y brindis al por mayor. La segunda mitad del doceavo mes se torna festiva y luminosa (y no por la luminosidad que emana de los nobles sentimientos, sino aquella generada por series navideñas con ridículos foquitos made in China que más bien nos hablan de dispendio, consumismo frenético y un gusto harto vulgar).
Los hombres de buena y mala voluntad se reúnen para celebrar una fecha cuyo significado a nadie interesa. Levantan sus copas, sonríen y brindan con sus iguales por el fin del capítulo anual que está por concluir; luego verbalizan parabienes -que rayan entre la frase hueca y el lugar común- por el capítulo venidero del gran libro de sus vidas.

Con cierto aire de ritual de post-guerra (al cabo se trata del festín de los sobrevivientes), estos contertulios enumeran sus grandes logros, sus goles, las cogidas memorables. Minimizan sus tropiezos (porque así son ellos, irremediablemente soberbios) y paladean los fracasos ajenos, humedecidos sus cogotes por copas rebosantes de ese vino tinto que no pinta la lengua ni los labios. Ese vino que en su precio lleva la penitencia: el néctar de la lumpenburguesía.

Porque (como resulta obvio desde el título), me refiero específicamente a la celebración triunfal de la casta más despreciable de la cual se tenga memoria: la oligarquía mexicana.
Los plutócratas -esos hijos de la gran pluta- están de manteles largos porque el año del señor de 2006 ha sido su gran año. A estas alturas de nuestra vida política ha quedado perfectamente claro que este país tiene dueño y que nadie va a cambiar la ruta que ha sido trazada para el viaje sin retorno del tren del neoliberalismo.

Nuestro subdesarrollo es su negocio, nuestra derrota es su éxito y el éxito es algo que, indefectiblemente, debe ser festejado.

Así pues, les sobran los motivos.

Se acerca el tiempo de cerezas y la cosecha de facturas que se han sembrado durante la crisis pre y post electoral. Todos los soldados de la clase política, la cúpula empresarial, los medios de apendejamiento de masas y el aromático puchero de clasemierderos ocupan su lugar en la gran mesa de los oportunistas.

La tribu despreciable de lumpenburgueses se yergue triunfal y, copa en ristre, brinda y adereza el nutrido brindis con chistes sosos pero furiosos que versan básicamente sobre la derrota del Peje -ese loco, ese exhaltado-, pero también sobre el propio AMLO y su gobierno legítimo (los bufones hablando de bufonadas), sobre la madriza a los terroristas de la APPO, la trampa vulgar con la que apresaron a Flavio Sosa -paradigma del naco irredento-, el recorte presupuestal a la educación pública, el aumento al gasto militar intramuros y -en proporción de 500%- a la propaganda gubernamental. La venta de garage con la que están rematando lo que queda de aquella terra patria que algún día fue la República Mexicana y -en fin- todo un bufete de hilarantes noticias que hacen de estas fechas, de este fandango navideño, su fiesta prometida.

Es la hora de los lumpemburgueses, es el festín de los marranos y bien ganado se lo tienen. A los ojos del neoliberal el éxito es inobjetable y en ese sentido no hay matiz moral que valga. Su triunfo fue falaz, obsceno, indigno, prepotente, sucio y -por tanto- flagrante e incuestionable.

Mientras tanto, yo reincido en mi trago amargo (de alguna manera lo disfruto).
Brindo frente a la Buba IV con una copa de vino tinto (del que mancha la lengua, los labios, los dientes y cuesta 50 varitos) y apechugo como saben apechugar los nativos del México profundo.

Yo recuerdo un poema de Sabines, aprendido y aprehendido desde mi lejana adolescencia:

Había sido escrito en el primer testamento del hombre:
no lo desprecies porque ha de enseñarte muchas cosas.
Hospédalo en tu corazón esta noche.
Al amanecer ha de irse. Pero no olvidarás
lo que dijo desde la dura sombra.

La señal Del dolor.


Y así, sin menosprecio al calumniado dolor -pues este año será fundamental en nuestras vidas en la medida en que sepamos aprender de la dolorosa experiencia-, habremos de crecer a la sombra, restañar las heridas para recuperar aquello que nos ha sido arrebatado y preparar el terreno para el segundo, el tercero, el “N“ round.
O como diría cierto insigne cubano, ”debo aprender que mañana es un mundo habitable“.

Pero hoy, hoy es el festín de los marranos, es su noche buena.
Hoy, el éter estará ocupado por el eco de sus gruñidos y el refinado ”oink-oink“ de sus intelectuales orgánicos.

Bienaventurados.