
Si los registros históricos son mas confiables que mi memoria (y si
Pitágoras no miente como mienten los boleros), hace ya casi tres meses que no actualizo este blog, esta coordenada del ciberlaberinto que pretendía ser un remanso semanal de ideas gráficas y escritas y ha terminado padeciendo del mismo mal que aqueja a nuestro derechizado y emputecido país: la parálisis intelectual y motriz.
Estuve ausente porque estuve triste, alicaído y encabronado. Los días y meses que sucedieron a la elección presidencial del 2006 afectaron mi ánimo mucho más hondamente de lo que hubiera querido. He vivido (hemos vivido) dos meses cruciales para nuestra vida común como nación (o como mierda se pueda llamar a esta reunión socio-político-geográfico-telúrica) y para mí han sido
inusitadamente dolorosos.
Existe la posibilidad de que mi tendencia natural hacia la depresión haya buscado y encontrado en la convulsión política reciente una excusa para atrincherarme en lo más recóndito de mi puñetero ser, pero también existe la posibilidad de que lo que ocurre a este país me duela de manera irremediable porque, de entre la multitud de significados que puede tener esta entelequia llamada
México, el que más me importa -quizás el único importante- es aquél que tiene qué ver con su gente y en particular con su buena gente. La otra,
la legión de hijos de su puta madre (perdón por decirlo de manera tan clara pero creo que quienes padecemos su ostentosa hijoputez tenemos -por lo menos- el derecho a referirla), la de los operarios del fraude, la de los oligarcas y mecenas del fraude, la de los asquerosos lacayos de los oligarcas, sus voceros, sus intelectuales
chaqueteros, sus porros, sus
yunqueros. Toda esta
panda cancerígena me importa sólo
como referencia de lo que no quiero ser, de lo que hay que superar creando (que diría
Nietzsche) de lo que hay que despreciar desde la altura de la redención... pero mientras esa altura baja a tierra, aquí estoy con el alma en pena y el culo en pene: Impotente, jodido, vapuleado y con la convicción cada vez más firme de que
este país está oficialmente desahuciado.
El guión se llevó a cabo tal cual fue diseñado por el sistema de poder: el “peligro para México” no llegó a la presidencia, la voluntad de la mayoría demográfica fue despreciada por segunda vez en las cuatro elecciones recientes (y aún hay quien “no cree que hubo fraude", como si los hechos y las evidencias fueran materia de credo, como si la verdad mediática limpiara la mierda que aún escurre por los algoritmos, las actas adulteradas y
los salomónicos labios del Trife), y a aquellos disidentes del
prianismo neoliberal no sólo les vetaron el voto, sino que les prodigaron memorable chinga con adjetivos como
“nacos, ardidos, renegados, violentos, jodidos, revoltosos, acarreados, delirantes, exaltados e irresponsables”.
El triunfo de la ultraderecha fue una victoria con saña, como corresponde a los grupos fascistas y fue aplaudida rabiosamente por los ignorantes, los mediocres. Los mismos cretinos que dejaron entrar hace seis años a estos fanáticos irremediables que ahora nos gobiernan y aún no han entendido la aberración histórica de suplantar a
La Dictadura Perfecta tricolor por
El Santo Oficio blanquiazul. No sólo no lo entendieron, sino que reiteraron su miserable vocación y optaron por el vergonzoso
fraude patriótico, por la saña, por la impudicia.
Pero ya las aguas han vuelto a su nivel, el director de orquesta ha indicado con la batuta de sus ondas hertzianas que los ánimos pueden bajar del rojo
cruzgamado al gris habitual.
Las
feromonas políticas decrecen y, ya que ha pasado el peligro del “peligro para México”, podemos retomar nuestra rutina habitual y olvidarnos de la repugnante
Patricia Mercado -engañabobos de ocasión- quien fue la primera en amonestar a
López Obrador, avalar el triunfo de
FECAL y ponerse a las órdenes del gobierno de coalición ¡tan sólo un día después de las elecciones!, de la red internacional de paidófilos protegidos por diputados priístas y panistas, del Cardenal
Rivera (simpatizante confeso del Pan) solapando a curas pederastas, de las grabaciones telefónicas que revelan (confirman) a qué amo sirven los legisladores prianistas, del enriquecimiento explicablemente inexplicable de los hijastros cleptómanos del “
Presidente del cambio“ y del cuñado incómodo del ”
Presidente del empleo“, del acercamiento del pelele en cuestión con la derecha española y la chilena y su interés en fortalecer las alianzas estratégicas en materia energética (es decir, de rematar lo que queda del país), de la aplicación inminente del “
Plan Hierro” (nombre clave:
pan y verga) en
Oaxaca y de tantas gracejadas más que han sido autorizadas por ese
0.5% que voto en mano -según cuenta la leyenda infantil- avaló la continuidad del proyecto neoliberal
Pri-Panista.
Esto que refiero como una broma o un chiste de
Polo-Polo mal contado, fue en realidad una tragedia que a nadie parece alarmar; la sociedad mexicana retoma su tren de vida como si nada hubiera pasado,
como si toda esta porquería fuera natural e irremediable, como si las cosas “fueran así”.
Y sin embargo la lección ha sido dictada. Ya lo dijo el camarada
Del Real: “
la vida nos está diciendo cosas todo el tiempo, nomás hay que saber entenderlas”.
Por lo pronto, estoy feliz de que esta coyuntura nos haya hecho mostrar el cobre de una manera tan contundente. La toma de postura política y ética nos encueró durante un par de meses. Analistas, políticos, blogeros, editores, artistas, oficiantes, familiares, vecinos, amigos y ex amigos han mostrado sus cartas de manera menos hipócrita de lo habitual.
El clacismo, el racismo, la cobardía, la mezquindad, la ignorancia, la iracundia, el miedo irracional, el “sálvese quien pueda pero yo primero”... pero también la solidaridad, el compromiso, la valentía, la prudencia, la templanza, el decoro. Lo mejor y lo peor de nosotros acompañó el voto y nos acompaña ahora como un estigma indeleble por estos caminos de Dios, de
un Dios panista (cabe hacer la aclaración).
Que
la memoria histórica nos ampare, que
la justicia remisa acompañe nuestros actos y que
un Dios bragado ponga distancia entre la buena gente y los culeros que hoy se frotan las manos y ríen desde el palco de los privilegiados. Y que ese Dios sea un
Dios Nietzscheano, quepa hacer la aclaración.
JQOctubre 7 del 2006 (ya pasó, ya pasó)