domingo, octubre 08, 2006

Crónica de una acuarela...




Esta es la cédula de sala que sirvió de choro introductor a la expo 13M, punto crucial de mi más reciente bajoneo. Y este es el Reporte Punk que la joven y talentosa Tatiana Maillard publicó tiempo ha en el número 26 del semanario Emeequis.

http://www.planetabuba.net/bubaenmx/Buba_ReportePunk.html

Crónica de una acuarela que no quería morir

"La muerte, que yo sepa, antecedió a la vida. La muerte, que yo sepa, no acaba en mariposas."
Buba, Outro.

Esta es la historia de una acuarela que se volvió serie, luego libro, luego libro digital y luego exposición... todo con tal de no morir.

En la edición de 1999 del CATÁLOGO DE ILUSTRADORES DE PUBLICACIONES INFANTILES Y JUVENILES concursé con el dibujo Deja que jueguen tus niños, en el que aparece Buba -mi personaje emblemático- sosteniendo a un perrito entre sus brazos. Ambos contemplan las olas desde la altura de una pequeña isla desierta, lo suficientemente distraídos como para no reparar en un esqueleto de niño muerto que se aproxima hacia ellos -emergiendo desde el mar, ese arquetipo de la muerte- sosteniendo una hacha ensangrentada entre las manos.

La ilustración -de factura mediana, todo hay qué decirlo- no fue seleccionada por el jurado, aunque para la fecha en que conocí la triste suerte de esta acuarela ya había dibujado un par de cromos más.
Molesto -irritado- coloqué las acuarelas sobre la mesa para decidir su destino y sólo entonces reparé en el hilo conductor de las tres imágenes: en cada una de ellas Buba estaba a punto de morir y no lo sabía.

Me bastó entender este principio para saber lo que se escondía detrás de los colores primarios del agua y el pigmento; Buba estaba redimiendo a los niños -como Cristo hizo con los hombres- a través de sus muertes sucesivas. Noble tarea la suya de inducir en las mentes infantiles el concepto desgarrador, mórbido y oscuro de la muerte a través de una lógica secuencial irremediable. Triste labor la mía de matarla trece veces, de besar a mi propia niña con trece besos de Judas.

Llegarían luego los versos, las decisiones editoriales y el arduo trabajo de diseño, una versión francesa que no pude vender en Francia y un colorido dummie que no pude vender a ningún editor mexicano. Otra vez la molestia -la irritación- y otra vez el conejo saltando desde el sombrero: la idea de distribuir gratuitamente a través de internet una edición digital del mismo libro que nunca pudo encarnarse en el papel.

Esa edición electrónica celebra ahora 10,000 descargas, o lo que es lo mismo, 130,000 muertes. Todo un éxito editorial o todo un éxito funerario, según se vea.

Creo justo celebrar entre mortales con una breve exposición de estas acuarelas que hice pensando en los niños, o más específicamente en cierto niño al que le hubiera gustado tener cierto libro de colores estridentes en sus manos. Un libro que no existe para un niño que tampoco existe ya, nada más justo en este mundo injusto, descolorido y mortal.

José Quintero
Ciudad de México, Julio de 2006

Clavarse en la textura

¿Cuál es la función de la textura en la ilustración? ¿es tan sólo un ornamento o un despliegue pirotécnico? ¿tiene alguna utilidad?

En el dibujo en general y particularmente en la ilustración, lo que no es vital es perfectamente prescindible. El uso de la textura tiene qué ver con la necesidad de “informar” al espectador de la cualidad de la materia y de ciertos materiales. Cuando dibujamos a un ser humano -por ejemplo- usualmente nos basta con indicar la zonas que corresponden a la piel, la ropa y demás aditamentos externos sin abundar en la compleja textura de las pestañas, arrugas, imperfecciones, granos, cicatrices, lunares e incluso los miles y miles de poros y vellos. No es vital representarlos en tanto el lector haya convenido en que tal dibujo refiere a un ser humano.

Los trazos básicos que sirven para representar a la persona humana (el clásico dibujo de palitos, bolitas y puntos que todos hemos elaborado cuando niños) son suficientes sólo en un nivel elemental. Sin embargo, en la medida que nuestro mensaje visual va adquiriendo mayor complejidad se vuelve imperativo el manejo eficiente de recursos técnicos profesionales como el conocimiento anatómico, el manejo de la luz y su comportamiento, la gestualidad y el uso de las texturas, entre otros.

Es por eso que nuestro abanico expresivo crece en la misma medida que crece nuestro bagaje de recursos técnicos. Es por eso también que el simple estilo es, tarde o temprano, insuficiente y limitante para la correcta representación de ciertos aspectos de la realidad (por otra parte, inabarcable).

Esto último es parte de mi crítica al “culto del estilo“, un vicio harto ramplón y socorrido que ha sido empleado para privilegiar ciertas escuelas o tendencias gráficas (usualmente en boga en países primermundistas e imitada con fervor por las gloriosas vanguardias de las repúblicas bananeras) para consolidar estatus grupales y -sobre todo- gozar de ciertos privilegios mediáticos y económicos (si pendejos no son).

Pero bueno, eso ya es harina de otro post.

Posdata: El Clément sostiene que la textura es tan sólo la “optimización del trabajo, bajo la premisa de que si puedes pegotearlo ¿para qué chingados dibujarlo?“
Pero no le hagan caso. Esta aseveración, al igual que su tesis del México barroco y su vida misma, es totalmente errónea.

Aquí tenemos un ejemplo ejemplar, producto de la combinación de un dibujo realizado en Painter IX y aderezado con la manipulación de la foto de una piel de sierpe y la herramienta Liquify (Shift + command + x) del Photoshop CS2.


Si quieres ver el proceso completo en video pincha aquí

Reencuentro con la tinta china

En el principio fueron el caos y la tinta china, una de las técnicas más difíciles de comprender y dominar.

Dramática, poderosa y económica a un tiempo, olvidada casi por completo cuando me convertí al culto de la tecnología digital, fue parcialmente recuperada hace poco más de un mes, cuando dediqué una semana entera a dibujar esta nueva serie de viñetas para la segunda reedición del libro rosa de Buba (el Volumen 1.2, de próxima y soporífera aparición).

He aquí la muestra de que la técnica del entintado es como andar en bicicleta: si se aprende bien nunca se olvida.











sábado, octubre 07, 2006

Después de la tempestad viene la chinga

Si bien la primer causa que me alejó de este querido y elegante Blog fue la depresión, la segunda razón no fue meno$ importante. Estoy atravesando por uno de los periodos laborales más congestionados del año. Tengo mucho más trabajo del habitual y estoy pariendo chayotes para cumplir con las fechas de entrega sin demérito de la calidad.

Aclaro esto para que no se me tome por un treintañero rascacolitas que sólo sabe lloriquear y escurrirse por los rincones, sino también trabajar a brazo partido y ser un ente productivo y triunfador tal como sugiere el presidente del empleo.

Reproduzco algunas de las ilustraciones que más me han gustado y ofrezco una disculpa a quienes han posteado sin recibir contestación o me han escrito al correo personal sin recibir una justa respuesta.

Tiempo al tiempo, mis amigos; ya tendrán en su inbox un correo de este su charro negro, en cuanto resuelva mis urgencias laborales y económicas.

Hasta entonces.



Una probada de hiel



Si los registros históricos son mas confiables que mi memoria (y si Pitágoras no miente como mienten los boleros), hace ya casi tres meses que no actualizo este blog, esta coordenada del ciberlaberinto que pretendía ser un remanso semanal de ideas gráficas y escritas y ha terminado padeciendo del mismo mal que aqueja a nuestro derechizado y emputecido país: la parálisis intelectual y motriz.

Estuve ausente porque estuve triste, alicaído y encabronado. Los días y meses que sucedieron a la elección presidencial del 2006 afectaron mi ánimo mucho más hondamente de lo que hubiera querido. He vivido (hemos vivido) dos meses cruciales para nuestra vida común como nación (o como mierda se pueda llamar a esta reunión socio-político-geográfico-telúrica) y para mí han sido inusitadamente dolorosos.

Existe la posibilidad de que mi tendencia natural hacia la depresión haya buscado y encontrado en la convulsión política reciente una excusa para atrincherarme en lo más recóndito de mi puñetero ser, pero también existe la posibilidad de que lo que ocurre a este país me duela de manera irremediable porque, de entre la multitud de significados que puede tener esta entelequia llamada México, el que más me importa -quizás el único importante- es aquél que tiene qué ver con su gente y en particular con su buena gente. La otra, la legión de hijos de su puta madre (perdón por decirlo de manera tan clara pero creo que quienes padecemos su ostentosa hijoputez tenemos -por lo menos- el derecho a referirla), la de los operarios del fraude, la de los oligarcas y mecenas del fraude, la de los asquerosos lacayos de los oligarcas, sus voceros, sus intelectuales chaqueteros, sus porros, sus yunqueros. Toda esta panda cancerígena me importa sólo como referencia de lo que no quiero ser, de lo que hay que superar creando (que diría Nietzsche) de lo que hay que despreciar desde la altura de la redención... pero mientras esa altura baja a tierra, aquí estoy con el alma en pena y el culo en pene: Impotente, jodido, vapuleado y con la convicción cada vez más firme de que este país está oficialmente desahuciado.

El guión se llevó a cabo tal cual fue diseñado por el sistema de poder: el “peligro para México” no llegó a la presidencia, la voluntad de la mayoría demográfica fue despreciada por segunda vez en las cuatro elecciones recientes (y aún hay quien “no cree que hubo fraude", como si los hechos y las evidencias fueran materia de credo, como si la verdad mediática limpiara la mierda que aún escurre por los algoritmos, las actas adulteradas y los salomónicos labios del Trife), y a aquellos disidentes del prianismo neoliberal no sólo les vetaron el voto, sino que les prodigaron memorable chinga con adjetivos como “nacos, ardidos, renegados, violentos, jodidos, revoltosos, acarreados, delirantes, exaltados e irresponsables”.

El triunfo de la ultraderecha fue una victoria con saña, como corresponde a los grupos fascistas y fue aplaudida rabiosamente por los ignorantes, los mediocres. Los mismos cretinos que dejaron entrar hace seis años a estos fanáticos irremediables que ahora nos gobiernan y aún no han entendido la aberración histórica de suplantar a La Dictadura Perfecta tricolor por El Santo Oficio blanquiazul. No sólo no lo entendieron, sino que reiteraron su miserable vocación y optaron por el vergonzoso fraude patriótico, por la saña, por la impudicia.

Pero ya las aguas han vuelto a su nivel, el director de orquesta ha indicado con la batuta de sus ondas hertzianas que los ánimos pueden bajar del rojo cruzgamado al gris habitual.
Las feromonas políticas decrecen y, ya que ha pasado el peligro del “peligro para México”, podemos retomar nuestra rutina habitual y olvidarnos de la repugnante Patricia Mercado -engañabobos de ocasión- quien fue la primera en amonestar a López Obrador, avalar el triunfo de FECAL y ponerse a las órdenes del gobierno de coalición ¡tan sólo un día después de las elecciones!, de la red internacional de paidófilos protegidos por diputados priístas y panistas, del Cardenal Rivera (simpatizante confeso del Pan) solapando a curas pederastas, de las grabaciones telefónicas que revelan (confirman) a qué amo sirven los legisladores prianistas, del enriquecimiento explicablemente inexplicable de los hijastros cleptómanos del “Presidente del cambio“ y del cuñado incómodo del ”Presidente del empleo“, del acercamiento del pelele en cuestión con la derecha española y la chilena y su interés en fortalecer las alianzas estratégicas en materia energética (es decir, de rematar lo que queda del país), de la aplicación inminente del “Plan Hierro” (nombre clave: pan y verga) en Oaxaca y de tantas gracejadas más que han sido autorizadas por ese 0.5% que voto en mano -según cuenta la leyenda infantil- avaló la continuidad del proyecto neoliberal Pri-Panista.

Esto que refiero como una broma o un chiste de Polo-Polo mal contado, fue en realidad una tragedia que a nadie parece alarmar; la sociedad mexicana retoma su tren de vida como si nada hubiera pasado, como si toda esta porquería fuera natural e irremediable, como si las cosas “fueran así”.

Y sin embargo la lección ha sido dictada. Ya lo dijo el camarada Del Real: “la vida nos está diciendo cosas todo el tiempo, nomás hay que saber entenderlas”.

Por lo pronto, estoy feliz de que esta coyuntura nos haya hecho mostrar el cobre de una manera tan contundente. La toma de postura política y ética nos encueró durante un par de meses. Analistas, políticos, blogeros, editores, artistas, oficiantes, familiares, vecinos, amigos y ex amigos han mostrado sus cartas de manera menos hipócrita de lo habitual.

El clacismo, el racismo, la cobardía, la mezquindad, la ignorancia, la iracundia, el miedo irracional, el “sálvese quien pueda pero yo primero”... pero también la solidaridad, el compromiso, la valentía, la prudencia, la templanza, el decoro. Lo mejor y lo peor de nosotros acompañó el voto y nos acompaña ahora como un estigma indeleble por estos caminos de Dios, de un Dios panista (cabe hacer la aclaración).

Que la memoria histórica nos ampare, que la justicia remisa acompañe nuestros actos y que un Dios bragado ponga distancia entre la buena gente y los culeros que hoy se frotan las manos y ríen desde el palco de los privilegiados. Y que ese Dios sea un Dios Nietzscheano, quepa hacer la aclaración.


JQ
Octubre 7 del 2006 (ya pasó, ya pasó)