viernes, junio 30, 2006

Posdata


En la primera entrega de este choro infumable escribí:

Aunque ya estoy hasta el copete de la hidrofobia que se ha apoderado de los mexicanos, que actúan como testículos de Jehová tratando de convencer a diestra y siniestra de que su Dios político es el Dios verdadero.


Adelantándome a quienes pudieran reprocharme estar haciendo proselitismo a favor de López Obrador, aclaro lo siguiente.
Considero una falta de respeto y una auténtica ligereza irrumpir en la privacidad y la libertad de opinión de quienes no piensan como nosotros, cuantimás si es para intentar convencer al adversario de que está bien -pero bien- pendejo; no hay nada que me encabrone más que recibir correos masivos invitándome a abrazar la verdad del remitente y a fundirme con el rebaño correcto (las ideas políticas se transmutan en vil spam, ¡y yo odio el puto spam!). Pero creo que este no es el caso.
Si te has tomado la molestia de teclear la dirección electrónica del Buba Blog, has picoteado el link del tema y has tenido la paciencia de leerlo de cabo a rabo (cosa que agradezco y a la vez denosto... ¡habiendo tanta pornografía y sitios de descargas ilegales en internet!), entonces no he sido yo quien te ha forzado a conocer mis opiniones políticas.

Las ideas están ahí, tejidas en el entramado de la red de redes, escritas pixel a pixel, esperando ser leídas por gente afín (afín al escrutinio de “las ideas”, no necesariamente de “mis ideas”). No me preocupa coincidir o convencer a nadie tanto como pensar y redactar con claridad. Ese es el fin último de este espacio, compartir los pensamientos con los cuates (generoso que es uno) como quien comparte una taza de café bien frío o una ampolleta de cerveza caliente.

Y viceversa.

Saludos cordiales en vísperas de las elecciones.
JQ

Posdata de la posdata.

Visito mi abandonada cuenta de correo en Hotmail y me encuentro con una misiva electrónica de Christian Ordóñez, corrector de estilo del Buba Vol. 1, Buba Vol.2 y las 13 Muertes de Buba.
Christian (escritor, amigo, blogero y criaturita de Dios) me envía un texto primo hermano de la trilogía que acabo de publicar.
Es un verdadero placer leer una escritura tan pulquérrima, puntual y elegante como la del chingado Christian. Una verdadera sorpresa no por que desconozca sus dotes como escritor/ensayista, sino porque demuestra magistralmente que un texto puede ser, además de claro, didáctico y conciso, elegante.

El texto puede ser degustado ->aquí<-

Posdata de la posdata de la posdata.

Discrepo solamente en un par de puntos:

1) El crédito que le otorga a la sospechosa y sobreactuada Patricia mercado, que en el debate cumplió su cometido de convocar una y otra vez a un pacto para otorgar legitimidad al IFE (hasta que se le hizo a la cabrona), a sabiendas de la conducta tendenciosa y parcial hacia el candidato del PAN, ya desde entonces copiosamente documentada en diversos medios.
Por ahora no vale la pena ocuparse de la Cecilia Soto o el Rincón Gallardo de moda, pero tiempo al tiempo.

2) El texto de Sabina Berman podrá ser pulcro, pero sobre todo es inexacto y falaz. Típico del intelectual orgánico: sesgado, parcial; con aseveraciones totalmente insostenibles pero bien redactadas, por ejemplo:

Dentro del espectro de los candidatos existentes son las antípodas. A los escándalos de corrupción en el equipo de AMLO, sí es posible oponer la honradez de Calderón y de su núcleo cercano. A la promesa de AMLO de derramar dineros públicos para los ancianos y los más pobres (que no es más que un comienzo del welfare norteamericano para los indigentes), el énfasis de Calderón sobre la creación de empleos.
Como bien dijera el maestro Inodoro Pereyra: "¡Criaturita de Dios!"

¿Porqué, por quién y para qué? III


3. ¿Para qué voy a votar?

En mi condición de pesimista profesional, me es difícil -casi imposible- hacer pronósticos alegres o dar el mínimo margen a la candidez. No creo que las cosas mejoren sustancialmente en caso de que López Obrador (el candidato del proyecto por el que apuesto) gane las elecciones y, por el contrario, estoy convencido de que empeorarán dramáticamente si Calderón o Madrazo cumplen su cometido de mantener a la plutocracia en turno al timón de esta chalupa globalizada (que dos o tres ingenuos han dado en llamar República Mexicana).

Esta semana escuché a algunos economistas de la UNAM (la que fuera mi madre nutricia durante dos o cuatro semestres, y a la que después desdeñé para inscribirme -de oyente- en la escuela de la vida), leí la opinión de cuatro especialistas (en el número 1547 del semanario Proceso), y todos coinciden en que son improbables los cambios sustanciales durante los próximos seis años.

La política económica blindada, el enquistamiento de los poderes fácticos, la vecindad con el imperio del norte y la eficacia del aparato de manipulación de masas -entre muchos otros factores-, vuelven casi imposible un viraje considerable en nuestra vida material durante los años venideros.

¿Entonces? ¿para qué este gasto delirante de dinero público y privado, en pos de unas elecciones amañadas y cuestionables bajo todo punto de vista? ¿para qué este casi acto de fe que es “la fiesta cívica” que sólo sirve para enconar a la raza y avalar el proyecto neoliberal?

En el post anterior hablé de los matices. Creo que en el peor de los casos, vale la pena votar por este motivo, menos frívolo de lo que parece a primera vista.

Ciertos politólogos que pasan por respetables han mencionado (lo he escuchado de sus labios o las yemas de sus dedos), la urgencia de que la sociedad mexicana aprenda a indignarse. “A los ciudadanos indignados: no están solos“ dicen, hablando a una sociedad que desconoce lo que es una vida digna.

Si nuestra vida material define nuestra existencia; es evidente que la existencia paupérrima de las mayorías demográficas es una pobreza indigna, sin decoro. Pero también lo es la indigna riqueza de la clase dominante, y sobre todo la existencia cortesana, vulgar y lumpen de la clase media mexicana.

Desconocemos el significado y la práctica de la dignidad. Yo no se si se aprende, se mama o se gana (a la buena o a la mala). De lo que estoy convencido es que si un presidente representa a la mayoría popular y -por obra y magia de la democracia- a un país entero, como mexicanos no podremos oler ni de pedo a la dichosa dignidad, con la clase política que actualmente nos pastorea.

¿Para qué voy a votar? para eso, para ser representado por políticos que no ignoren que ”Mexicano“ y ”católico“ no son sinónimos, que no se dediquen a firmar estampitas de la Virgen de Guadalupe o San Judas Tadeo en sus mítines políticos, que no recen al Espíritu Santo para que los asuntos del César marchen mejor con la ayuda de Dios, que no se empinen ante Bush y el gobierno gringo -un imperio terrorista y asesino- y se lancen a la yugular de los mandatarios latinoamericanos críticos hacia las políticas de Washington, que no se vanaglorien de su ignorancia y recomienden no leer periódicos para ser mas felices, que no se ofendan y llamen agitador a quien ose tomar partido por los pobres, que no tengan como brazo derecho a la televisión mexicana, que no tengan como brazo armado a un grupo ultra conservador de modus operandi absolutamente fascista, que no tengan como amigos -y patrocinadores- a narcotraficantes, delincuentes de cuello blanco y pederastas, que no sean amigos y patrocinadores de la mafia católica, que no sean -en suma- esto a lo que nos han acostumbrado durante los últimos 18 años (Salinato-Zedillato-Fox/Sahagunato).

PD Hace seis años, mientras depositaba mi voto a favor de Cárdenas (como correspondía a todo mexicano bien nacido), no podía alejar de la mente cierta estampa de Vicente Fox saltando como un auténtico oligofrénico sobre un dinosaurio de plástico, acicateado por el aplauso popular. Como ya vimos, Fox no duró ni la mitad de su sexenio, y el apoyo popular se diluyó en pena ajena y se perdió como lágrimas en la lluvia (¡ay, cabrón, ya me salió el replicante que todos llevamos dentro!).

Es difícil ser digno en un país en el que un especimen de esos tamaños ha sido electo de manera democrática.

¿Para qué votar entonces?

Por que espero ver, por primera vez en mi vida, un país cuyo presidente no sea el candidato propuesto por la plutocracia nacional e internacional, sino su adversario. Para confirmar que un gran sector de mexicanos estamos dispuestos a asumir la responsabilidad propia de una mayoría de edad.

Y si Andrés Manuel López Obrador no gana las elecciones... voy a votar para perder con dignidad.

¿Porqué, por quién y para qué? II


2. ¿Por quién voy a votar?

Quien haya leído el subtexto de mi trabajo sabe de sobra por quién voy a votar, es obvio. Pero me gustaría argumentar el porqué del por quién.
Ante todo, quiero dejar bien claro que no considero que el voto deba ser secreto, sino más bien lo contrario. Creo que una argumentación razonada, documentada y clara de nuestras ideas políticas, incluida la intención electoral, le da un plus a nuestro voto.
Sí, ya se que en la democracia todos los votos cuentan igual y ese es uno de los grandes defectos de esta forma de organización socio-política, ante el sexo de la urna vale lo mismo el voto de un hombre culto que el de un fanático religioso, un voto sugerido por la caja idiota que uno cuidadosamente documentado, el voto de un vivo que el de un muerto (y no es broma, recuerden las irregularidades en las elecciones del ‘94 y el 2000, cuando en un acto de civismo sobrehumano, miles de difuntos sufragaron a favor del PRI).
Ante la diosa democracia (en cuyo nombre se han desatado cruzadas como la del pueblo elegido contra los infieles del medio oriente), ante esta gran puta vale lo mismo el hombre sensato que el insensato, y lo mismo que a nuestra clase dirigente, en materia de politiquería le importa más la cantidad que la calidad.

El caso es que aquí estamos, citados por la historia oficial para emitir nuestro voto ¿cómo escoger la mejor opción entre esta fermosa baraja de candidatos de triste y corrupta figura?

Existe un término que, pese a su calidad de lugar común, no deja de tener valides: la opción por lo menos malo. Alguna vez escuché a Víctor del Real (ex editor/director de El Gallito Inglés) decir que “se trabaja con lo que hay, no con lo que debería haber”, refiriendose a que, para actuar de manera efectiva, primero hace falta un reconocimiento objetivo de la realidad y sólo a partir de ese análisis desapasionado se puede intentar transformarla con los recursos humanos y materiales EXISTENTES, puesto que los ideales -perdón por el perogrullo- no existen en el plano de lo concreto.

Lo mimo ocurre con la política y con cualquier aspecto de la esfera humana. Tenemos -en lo inmediato- tres opciones electorales reales, y pese a que ambos tres pertenecen a una clase distinta a la nuestra, no tenemos ninguna otra opción en tanto que como sociedad no hemos sabido crear estructuras de organización alternas a las concebidas por las cúpulas de poder a través de su perro guardián: el estado.

Y aquí entra a escena un factor que para mí es fundamental: los matices. La cuestión no es saber cuál de los tres políticos es el mejor, sino cuál es el que resultará menos lesivo para los intereses de las mayorías demográficas; cuál será el menos caro a los bolsillos del bien común a mediano plazo.

De esas opciones electorales que nos propone la democracia burguesa, uno hay que es menos dañino que los demás y no tengo la menor duda de quién se trata.

En mayo del 2004, la plutocracia mexicana echó a andar una maquinaria legaloide y mediática con el objetivo de inhabilitar políticamente al entonces Jefe de Gobierno del D.F., Andrés Manuel López Obrador. En abril de 2005 la mayoría en la Cámara de Diputados aprobó el desafuero y el 4 de mayo del mismo año, después de manifestaciones notables de repudio social, de inestabilidad en la bolsa mexicana de valores y de la condena por la opinión pública internacional; es decir, después de que se les vino el mundo encima, Vicente Fox (el pusilánime entre los pusilánimes) y pandilla, frenaron en seco el proceso de desafuero y exoneraron al entonces Jefe de Gobierno.
Antes, el 8 de abril, López Obrador pronunció un discurso de antología en el que hizo un resumen harto general del modus operandi de los insaciables, obscenos plutócratas mexicanos.

http://www.jornada.unam.mx/2005/04/08/006n1pol.php


Pues bien, esa maquinaria cupular no ha cesado de trabajar desde entonces a la fecha. Sus engranes, compuestos por los grandes empresarios y especuladores, el alto clero político, la industria del narcotráfico, los grupos de extrema derecha ayuntados al poder público (como el Yunque y Provida), la casi totalidad de los medios masivos (medios de condicionamiento de masas, como los define Tomás Mojarro) a través de la turbamulta de espantapájaros disfrazados de líderes de opinión independientes y toda la red de advenedizos: parientes, amigos, cómplices y demás rémoras de esta nueva mafia instalada en la cúspide de la pirámide social gracias a nuestro aval democrático.

Y si los engranes funcionan a la perfección (como en todo sistema que se precie) es gracias al aceite que da la fluidez necesaria para que la bestia se mueva con soltura. Ese lubricante es la profunda ignorancia de la sociedad mexicana, y tal vez más que la ignorancia: su cretinismo.

¿en qué cabeza cabe que un político pueda ser al mismo tiempo servidor público y empresario; es decir, servir al pueblo y al (su) capital privado? ¿en qué cabeza cabe que un empresario formado en la ideología neoliberal (privatización de las ganancias a costa de la socialización de las pérdidas) deba lealtad a una sociedad que es dialécticamente su antítesis, su enemigo en la lucha de clases? ¿cómo creer que quienes han ideado, pactado y legalizado el endeudamiento por tres generaciones de millones de mexicanos, puedan eximirse de culpa ante estos hechos profusamente documentados con un sencillo “yo no fui, yo no lo hice”?

Sólo un pueblo sin memoria histórica, frívolo, cretino (ignorante de su ignorancia) y autodestructivo puede creer en ello.

El mismo pueblo que validó con su voto la ascensión a la presidencia de un burócrata de media tabla como Ernesto Zedillo, el mismo que festinó el triunfo de Vicente Fox, un empresario mediocre y 1000% ignorante que a los dos años de gobierno ya estaba totalmente aniquilado, sostenido a base de prozac, y que terminó cediendo el poder primero a su esposa, y luego a la cofradía del Yunque en el segundo y el último tercio de su gobierno, respectivamente.

Ese mismo pueblo (o el segmento más enajenado del mismo) se dispone ahora a votar por Felipe Calderón, otro empresario/político desangelado y gris que ni siquiera precisó llegar al poder para tejer su propia red de tráfico de influencias y nepotismo. Un político absolutamente corrupto en cuyo beneficio inmediato se pactó la Ley Televisa (y que al día siguiente de la firma ya había alcanzado en las encuestas al puntero López Obrador), que ha enriquecido y privilegiado ilegalmente a su familia a su paso por la Secretaría de Energía, que primero negó y luego operó a favor del Fobaproa, y después lo volvió a negar públicamente en cadena nacional (el 6 de junio en el debate), confiando en la impecable falta de memoria histórica de un país que no dijo ni y se siguió sorbiendo el moco.

Así las cosas, linchamiento público para López Obrador por una falta administrativa menor -que ni siquiera cometió-. impunidad, indulto y besito en la frente para Felipe calderón, Vicente Fox + esposa e hijos, Roberto Madrazo, Diego Fernández, Santiago Creel, Mario Marín el gober precioso, el narcopolítico Estrada cajigal, el niño verde y el resto de sus hermanos de clase.

Pero corrijo, iba a decir por quién voy a votar y acabé diciendo por quién no voy a votar.

Votaré por el candidato que supo enconar y ganarse el odio y/o la repulsa de Vicente Fox y Martha Sahagún, de la cúpula empresarial,

Empresarios facciosos: http://www.proceso.com.mx/anapol.html?aid=41718

de la cúpula eclesiástica, de Televisa, de Televisión Azteca, de la radio comercial, de Carlos Salinas de Gortari, del PRI, del PAN, de los clasemierderos o lumpen burgueses, de los intelectuales orgánicos clasistas que ven como una afrenta que un naco arribe a su nicho social, del Yunque y su profeta Manuel Espino, de los inquisidores doble moral (triple-cuádruple) de Provida, del delincuente electoral, gángster y candidato a la presidencia Roberto Madrazo, del delincuente de estado, nepotista y goleador Felipe Calderón,

Escándalo: http://www.jornada.unam.mx/2006/06/09/029a1pol.php
Fobaproa/IPAB: http://www.jornada.unam.mx/2006/06/06/003n1pol.php
Fobaproa: http://www.proceso.com.mx/archivocomint.html?nid=40844
Mentiras: http://www.proceso.com.mx/anapol.html?aid=41516
Goleador: http://www.jornada.unam.mx/2006/03/21/007n1pol.php

de Luis Carlos Ugalde, juez y parte incondicional de Calderón y aval del fraude cibernético que se cocina -presumiblemente- desde las oficinas del elefante blanco del IFE,

Inconsistencias, irregularidades y manipulación: http://www.jornada.unam.mx/2006/06/19/004o1pol.php
http://www.jornada.unam.mx/2006/06/20/004o1pol.php
http://www.jornada.unam.mx/2006/06/21/004o1pol.php
http://www.jornada.unam.mx/2006/06/23/004o1pol.php
Relación Ugalde-Calderón: http://www.jornada.unam.mx/2006/06/17/004o1pol.php

de los encuestadores a sueldo que establecieron el escenario ideal para el posible fraude electoral.

Encuestas: http://www.jornada.unam.mx/2006/05/21/024a2pol.php
Encuestas: http://www.jornada.unam.mx/2006/06/05/006n1pol.php

Voy a votar por el enemigo a vencer de toda la cofradía que he enumerado -la versión reloaded de la misma clase privilegiada que históricamente ha campeado por este rancho electrónico-, de los eternos impunes, de los dueños del dinero (símbolo del trabajo que han convertido en credencial de identidad).

Voy a votar por el único candidato con quien coincido en el diagnóstico político de la realidad nacional, el único que ha señalado la diferencia abismal entre ricos y pobres y de esa manera ha reavivado -implícitamente- el concepto fundamental de lucha de clases.

Voy a votar por quien representa -no tengo la menor duda- la mejor opción -o la receta menos dañina, según se vea-.

Cualquier ciudadano (político o no) que encare, señale o se la haga de tos a la pandilla que he aludido en mi alharaca merece mi respeto y -desde luego- mi voto.

Voy a votar (sin más rodeos) por Andrés Manuel López obrador.

¿Porqué, por quién y para qué? I


Como si hiciera falta un grillo más, como si faltase una voz en el sofocante coro de ruido blanco (o gris, o negro) que satura nuestro medio ambiente político; como si no tuviéramos ya suficiente con el smog ideológico que genera la industria de condicionamiento de masas; como si tal cosa, levanto mi imaginaria pluma -que en realidad es un lápiz digital marca Wacom- y redacto una opinión que nadie me ha pedido pero juzgo pertinente publicar.

Tres preguntas-reflexiones en torno a la elección del próximo 6 de julio en la patria mexicana.

1. ¿porqué voy a votar?

A pesar de que no creo ni en las instituciones ni en la república (es decir, creo que son estructuras cada vez más débiles, corruptas y decadentes); pese a mi convicción de que la clase política es una elite cuya función es servir al poder económico y no al pueblo, y que -particularmente en países subdesarrollados- su chamba consiste en enriquecer a las cúpulas de poder a costa del empobrecimiento de las mayorías demográficas.
Aunque ya estoy hasta el copete de la hidrofobia que se ha apoderado de los mexicanos, que actúan como testículos de Jehová tratando de convencer a diestra y siniestra de que su Dios político es el Dios verdadero.

A pesar de todo lo anterior, me considero en la obligación de votar. Y aclaro que no me siento obligado por el puto IFE -absolutamente desacreditado y aliado con el candidato ubicado en la extrema derecha de Fox padre-, ni los tres partidos con posibilidades de allegarse a la presidencia, ni por el bombardeo mediático de radio, prensa e internet ; (a la TV ni la cuento porque -como ya he comentado- es un medio que detesto profundamente y al que si pudiera me madrearía y arrojaría por la ventana como el protagonista de la película de The Wall).

Lo que me impide asumirme como un orgulloso abstencionista es la siguiente convicción:

La única razón que puede eximirnos de votar es la participación activa y efectiva en un proyecto social distinto al de las clases dominantes; esto es: el acto de organizarse de manera libre e independiente de las instituciones concebidas por el estado -el gobierno, particularmente-, la cúpula eclesiástica y la iniciativa privada; para generar así una dinámica distinta a la implantada por quienes hasta ahora han regido nuestro destino como nación.

Perdón por la redacción, pero quise ser preciso en los conceptos. Ahora que también pude haberlo dicho de este otro modo:

La única razón que puede eximirnos de votar es merecer un país distinto al actual, en el que el voto sea tan sólo el salario mínimo de la democracia y no el sueldo completo -con todo y aguinaldo-.

Como ese no es mi -nuestro- caso (mea culpa: el proyecto cultural que he venido rumiando durante años no ha pasado del papel y no he sido capaz de sumarme al único proyecto decoroso que conozco); estoy condenado a votar, como el resto de los mortales.

Ah, y discrepo también de aquellos que desdeñan con cierta razón -al menos en teoría- al menú político-2006; argumentando que todos los candidatos son unos embusteros, miserables y mafiosos. Disiento de aquellos que han hecho de la política chacota y de la chacota un oficio rentable, y se ríen de quienes van a hacer los honores a la urna, y -en suma- consideran al sistema político-electoral indigno de su voto.
A esos camaradas les recuerdo que si bien los políticos profesionales han actuado como auténticos caciques, han obrado de manera éticamente reprobable y cometido -o solapado- actos de corrupción a la N potencia, lo han hecho exactamente igual que lo hacemos de manera cotidiana el resto de los mexicanos, porque, por más que nos indignemos y juremos que nosotros somos distintos o nos llenemos la boca de autoelogios que nadie puede corroborar, NINGÚN MEXICANO puede arrojar la famosísima primera piedra sin salir lapidado.

Una sociedad corrupta, hipócrita, clasista, racista e ignorante no puede (no merece) tener representantes políticos distintos; y no es una cuestión de moral sino de lógica elemental.

Por eso voy a votar.

lunes, junio 12, 2006

Por su desktop los conoceréis


La primera de una serie de frivolidades. Esta a la interface gráfica con la que estoy trabajando actualmente.

Del cómic y otros demonios I


El primer post que hace los honores a esta bitácora es, valga la rebuznancia, de una persona honorable.
Me escribe el colega y amigo Bef a) Bernardo Fernández para darme la bienvenida a la blogósfera (chulada de término, justo es decirlo), demostrando su enorme inteligencia al coincidir con la mayoría de mis opiniones (emoticón) pero disintiendo -nadie es perfecto- en el punto que da pie a este tema.

De entrada quiero decir que siempre es un placer charlar con gente inteligente (chateando se entiende la gente); siento un respeto automático -onda perro de Pavlov- por este tipo de especímenes independientemente de coincidencias o discrepancias; y si encima se trata de amistades antediluvianas y destacados profesionales del arte de dibujar monitos, escribir, diseñar, editar y abrir los brazos fuertes a la vida, el respeto se torna gozo y se multiplica.

Pero entremos en materia, y a partir de ahora me permito personalizar este post y me arrogo el derecho de hacer pública esta charla (a pesar de la solicitud Befiana de “No polemizar (y) dejar esta discusión en el ámbito de lo privado”), en primera porque no considero que esto sea una polémica -en la acepción pleitera de la que se ha contaminado en estos tiempos polémicos-, sino el intercambio de ideas entre dos adultos contemporáneos (así se nos llama ahora a los neo-rucos) con el ego lo suficientemente curtido como para que nos valga madre si tenemos o no la razón; Y en segunda porque el tema que se plantea es un tema jugoso que merece la pena de ser deglutido en voz alta.

De la primera parte del post de Bef-mi-amigo no voy a comentar nada para no aludir a ningún entrevistado. Dejémoslo en privado y respetemos las reglas no escritas de la crítica nacional que invitan a no llamar al mediocre ni al cretino por su nombre y menos aún por su apellido.

Antes bien dejemos que la historia los (so)juzgue.

Procedo entonces a la cita y a dividir sus y mis reflexiones en dos partes; la primera, que es sencilla de responder porque hay un malentendido de por medio y todo es cuestión de aclararlo, y la segunda parte que es mucho más difícil porque -confieso- no tengo una respuesta clara sino apenas ideas turbias que escribo y publico al costo, a ver si mi interlocutor es capaz de hallar las chiches de esta lombriz.
Atendamos la primera cuestión y dejemos pendiente la segunda.

¿Sería necesario recurrir a un nacionalismo revolucionario para que el estilo y la temática fueran "mexicanos." ¿Es necesario repetir las obsesiones estéticas de los muralistas o copiar a Posada para legitimizar el trabajo de estos colegas como "historieta nacional"? No estoy de acuerdo, ello nos condenaría a clonar la familia Burrón o Mamerto y sus conocencias ad infinitum.


No, y me preocupa haber dado pie a esta interpretación que procedo a aclarar. No es necesario ni deseable recurrir al nacionalismo revolucionario, ni mucho menos al pre y cuantimenos al post; sería históricamente aberrante repetir las obsesiones estéticas de quienes se obsesionaron hace más de medio siglo.
Sería aberrante, también, continuar con una tradición historietística forjada por autores de los que no pudimos siquiera ver el polvo y cuya existencia no conocimos durante nuestra formación cultural, sino en una revisión retrospectiva desde la edad adulta, casi por morbo histórico.
Entre estos venerables autores y nosotros media la friolera de unos treinta o cuarenta años (en ese tiempo cabe tranquilamente la vida de un hombre desde su infancia hasta la madurez).

Entre la época de oro de la historieta mexicana y nuestra generación (que nace oficialmente en los años noventa del siglo pasado) existe no una brecha sino un vacío, un barranco sin puente generacional que vuelve casi imposible todo contacto con los viejos -los grandes maestros de la historieta popular mexicana- como no sea un acercamiento con fines antropológicos.

No existen vínculos temáticos y/o estilísticos, el contexto histórico es notablemente distinto (en la medida que lo permite una nación pétrea e impermeable al cambio real). Nuestra formación, intereses y objetivos -donde los haya- corresponden a realidades irreconciliables. Los tirajes, la industria misma y sobre todo el leiv motif son agua y aceite.

Por lo tanto no corremos el menor riesgo de “clonar la familia Burrón o Mamerto y sus conocencias ad infinitum”, aunque nos empeñemos en ello ad nauseam.

[Anotación que intenta prever otro malentendido: cuando hablo de nuestra generación (la tuya y la mía) me refiero específicamente a los historietistas que nos hemos asumido como creadores; dibujantes y escritores con soberanía sobre nuestro propio trabajo e independencia de ideas, tiempos, formatos y estilos con respecto a potestades editoriales y dinámicas de mercado. Es decir, me refiero concretamente a quienes hemos manifestado conciencia de autor y no hemos enajenado nuestro quehacer historietístico, o en todo caso lo hemos negociado en relaciones + ó - equilibradas.]

Por supuesto que hablar de “repetir las obsesiones estéticas de los muralistas o copiar a Posada” tampoco tiene lugar en un sentido estricto, ya que estamos hablando de lenguajes distintos. El análisis sobre la tradición historietística debe ceñirse al ámbito de la historieta y no confundirse como cuerpo sistemático con otro tipo de lenguajes, verbigracia el pictórico o el literario. Esto a menos que estemos refiriéndonos a la cultura como un todo, pero creo que este no es el caso.

En mi experiencia, durante cierto periodo de mi vida -mi fraudulenta estancia en Filosofía y Letras- dibujé teniendo como modelo a José Guadalupe Posada por la cuestión que acabo de mencionar, estaba bastante harto de que los dibujantes mexicanos tuviésemos como modelo exclusivamente a otros autores de cómic y quise incorporar a mi trabajo los nutrientes culturales que consumía durante esa época, sin importar que no tuvieran que ver formalmente con la historieta. Entonces comencé a mezclar ciertas lecturas que me estaban moviendo el tapete (Nietzsche, Shopenhauer, Sartre) con los acabados del grabado mexicano de principios del siglo pasado. El resultado fue el periodo Posada, que le dio a mi trabajo un look fuckin’ mexican curious (también durante esos mismos años diseñé al Pote, aunque no lo publicaría hasta tiempo después).

Pero ojo: inspirarme en el trabajo del ilustre grabador lo único que hizo fue acentuar el tono de mis cartones, corregir atrofias musculares a un cuerpo que ya existía desde endenantes. Se trató entonces de un ejercicio de re-contextualización y, en algún sentido, la continuidad de una tradición gráfica. Los acabados vigorosos, “burdos” y abigarrados de los dibujos de Posada fueron el complemento ideal para una gráfica barroca que necesitaba depurarse; pero insisto: cuando desperté a Posada, el espíritu barroco-mexicano ya estaba ahí.

Esto no dio más ni menos legitimidad a mi trabajo, Buba y El Pote llevan una trayectoria discursiva/plástica en la que el periodo Posada no es mas que eso, un periodo, un momento histórico, un refresh pa que me entiendas.

Queda claro entonces que la naturaleza de la historieta nacional no está ligada necesariamente ni a la historia de la plástica ni a la historia de la historieta, sino al espíritu de lo mexicano; y es aquí donde la cosa se empieza a poner fea... ¿cómo definir lo que es mexicano y lo que no? particularmente ¿cuál es el perfil, qué es lo que da identidad a la historieta mexicana?
Esa es la cuestión que no podría responder de manera categórica y que ignoro -de hecho- si es posible conocer, pero no hay peor lucha que la Lucha Villa y en tal caso vale la pena dedicar algún tiempo a reflexionar y tratar de acercarnos por lo menos a la verdad histérica.
Pero eso será en la segunda parte de este apartado, mi estimado y fino amigo. Porque se me acaba de acabar el veinte y debo regresar al noble y mal pagado oficio de la ilustración comercial.

Un abrazo y hasta entonces.
JQ