jueves, mayo 25, 2006

De boicots, ética y estética


He recibido tres forwards de distintas personas invitándome a sumarme al boicot gremial contra la empresa Televisa, todo con motivo de la famosa minuta que reforma al artículo 28 de la Ley Federal de Radio y Televisión conocida -justamente- como Ley Televisa.

El origen y el pacto
La sesión
La minuta

A grosso modo, esta ley formaliza la apropiación del espectro televisivo (antes propiedad de la nación) por parte de los grandes monopolios, en particular de Televisión Azteca y la ya mentada Televisa.

Y digo que se trata de una formalización (una ampliación de poderes, es más correcto) porque desde hace muchos años la televisión es quien rige la vida cultural y forma la opinión política e ideológica de este país de miércoles de ceniza. Los últimos tres presidentes mexicanos le deben su legitimidad, los niños le deben horas de sano esparcimiento y su primer lavado de cerebro, los adolescentes su lumpenaje y los adultos la suma de las anteriores.

El heroico correo que invita a parar en seco a Satán dice lo siguiente:

"Hola a todos los colegas dibujantes e ilustradores:

Indignado por el descaro y el burdo mayoriteo con el que fue aprobada la llamada Ley Televisa convoco a todos aquellos que quieran -y puedan- a boicotear a esta empresa en su parte editorial negándose a trabajar para ellos.
Una característica de los monopolios es la forma en que la que se concentran en una sola empresa distintos tipos de bienes y servicios, y si ya el papel de televisa como empresa televisiva (en complicidad con el gobierno) era nefasto, como empresa editorial concentra cada vez más publicaciones.
Televisa es, cada vez más, el poder tras el gobierno. No quiero dejar de hacer algo, por pequeño que sea, para impedir que esto sea cada vez peor.

Infórmense y consideren esta propuesta.

Les agradeceré, asimismo, que circulen este mensaje y, de ser posible, lo desplieguen también hacia otros ámbitos.
Saludos
Ricardo Peláez Goycochea"


Haciendo caso a la última parte de esta convocatoria, la de desplegar el mensaje “también hacia otros ámbitos”, quiero llevarlo al ámbito del escrutinio.

1) Es muy fácil convocar a que la raza se abstenga de colaborar con el enemigo histórico cuando no es nuestro propio ingreso el que está en juego.
Cuando nosotros mismos ya no necesitamos trabajar para Televisa y, entonces sí, podemos indignarnos y convocar al boicot desde la altura moral que nos da la distancia y una situación económica menos apremiante.

Esta monopólica empresa fue, durante un par de años, la principal fuente de trabajo para mí. Gracias a mis colaboraciones con Editorial Televisa pude obtener los recursos para pagar “la comida corrida nuestra de cada día”.
Nada de indigno hubo en ello, sino el intercambio de un servicio profesional (la ilustración) por dinero.

El convocante (Ricardo Peláez) también trabajó para Televisa, y si dejó de hacerlo no fue por ningún tipo de indignación ni por una admirable postura ética en contra de los monopolios (porque Televisa lo ha sido desde antes de la aprobación de esta ley, desde cuatro o cinco décadas atrás, poco más o menos), sino porque las tarifas por concepto de ilustración se estancaron y hubo que buscar mejores opciones de empleo o lo que es lo mismo: más billete (¿alguien dijo “ética”? ¿alguien dijo “boicot”?).

2) Dejar de trabajar para Televisa es una estrategia totalmente inocua...
Inútil, absurda, ridícula. En una sociedad regida por la ley de la oferta y la demanda y en la cual nosotros somos el prestador de servicios, dejar de colaborar con X o Y empresa no implica ninguna diferencia en términos prácticos. Si yo me niego a trabajar para ella -sea por la razón que sea- siempre habrá otro dibujante que acepte el trabajo, y aún en el caso de que todo el gremio actúe en bloque y no haya un sólo colaborador que no acate el “boicot”, la empresa puede recurrir a las ilustraciones de stock, con lo cual no se vería afectada en su desempeño sistemático; de tal manera que los únicos afectados serían los propios ilustradores que contarían con una opción menos en su espectro de empleo.

Este supuesto boicot afectaría a los ilustradores, no a la empresa.

La estrategia correcta para lastimar los intereses económicos de una empresa que opera de manera contraria a los nuestros es NO CONSUMIR LOS PRODUCTOS QUE ÉSTA VENDE. Así es como funciona en Estados Unidos y en Europa, así es como se aplican las sanciones morales en los países civilizados.

Aceptar una convocatoria como la del convocante es, para decirlo amablemente, un muy mal chiste.

3) Cuando despertó, Televisa todavía estaba alli.
Noticia de última hora: Televisa era “nefasta” y era “el poder tras el gobierno” desde hace más de cuarenta años. Televisa no se volvió perversa de la noche a la mañana. Desde la matanza del 68, pasando por el fraude electoral del 88 y el intento de desafuero del 2005 Televisa ha operado de la misma manera, a favor de las cúpulas de poder y en contra de los intereses de las mayorías demográficas.

¿de cuándo acá se detona la indignación? ¿con qué calidad moral se convoca a sumarse a un “boicot” boomerang con cuarenta y tantos años de retraso?

Así como la estrategia correcta para afectar en términos REALES a una empresa es dejar de consumir sus productos, para darle en la torre a Televisa no hace falta más que dejar de ver sus programas de mierda y cambiar la mala cultura televisiva por la buena cultura de internet, o por la buena cultura a secas.

Se puede vivir perfectamente sin ver televisión, eso se los garantizo categóricamente.

No entiendo cómo alguien que tuvo a Brozo como líder de opinión (uno de los sujetos más ponzoñosos y dañinos que ha dado la caja idiota), tiene la desfachatez de convocar a un ”boicot” anti-Televisa.

Desde este espacio te conmino a ti que te fuiste con la finta y forwardeaste este correo, a que hagas caso omiso de acciones estériles que lo único que buscan es apuntalar el cacicazgo moral de aquellos que de “descaros y burdos mayoriteos” saben ya un buen rato.

Saludos cordiales.
JQ

El cuestionario en cuestión


Recibí una solicitud para responder a una serie de preguntas relativas a la historieta: El Ángel, suplemento cultural de diario Reforma, dedicó portada y páginas centrales del domingo 21 de mayo al comiquero tema de la novela gráfica y, como ya es uso común en ese tipo de espacios, el resultado fue un salpicado subjetivo de citas, nombres, fechas y datos que no hacen otra cosa que rozar la superficie.

No deja de asombrarme que, a estas alturas, se sigan confundiendo términos fundamentales como “género” y “lenguaje” cuando se habla de la historieta, y no me asombra de gente como el coeditor Jaime Reyes Rodríguez, quien bien que mal no tiene porqué estar al tanto de este principio elemental para un estudio medianamente serio del fenómeno, sino de los propios autores, como el entusiasta y contracultural (coloca el emoticón de tu preferencia) Blumpi, quien se gana los frijoles nuestros de cada día escribiendo en revistas tan prestigiosas (coloca el emoticón de tu preferencia) como Replicante o La Mosca.

No quiero parecer un viejito cagaleches, así que para equilibrar la balanza comento que el texto de Alberto Chimal (“Las novelas gráficas trazan su propio lenguaje”) es bastante conciso y cumple de manera eficiente el cometido de contextualizar el tema; el texto del ensayista y académico (coloca el emoticón de tu preferencia) Ernesto Priego es formalmente correcto, lo cual ya es decir mucho, y el recuadro “Clásicos del género” que apareja títulos como Akira, El Cuervo, Maus, Batman: The Killing Joke (¡!) y Sin City con Karmatrón de Oscar González Loyo me hace perder la fe no sólo en la historieta nacional, sino en la humanidad entera.

Como me parece un asunto de interés general, hago publica -con un tercio de enmendaduras con respecto al documento que envié originalmente- mi opinión sobre el tópico en cuestión, documento del cual sólo se publicó la mitad del punto número 2-dos-2.

1. ¿Quién es el máximo exponente de la novela gráfica y por qué?

Esta es casi una pregunta capciosa; es exactamente lo mismo que preguntar quién es el máximo exponente de la novela (así, a secas) y porqué. No existe una respuesta categórica, no sin estar contaminada de filias y fobias y de la veleidad del gusto personal.
Bajo este entendido, puedo enumerar algunos títulos que -a mi juicio- significan obras fundamentales en la narrativa gráfica contemporánea:

* Like a velvet glove cast in iron (Como un guante de terciopelo forjado en hierro) de Daniel Clowes.
* Blame! de Tsutomu Nihei
* Homunculus de Hideo Yamamoto
* Sin City (Ciudad del pecado) de Frank Miller
* Cages (Jaulas) de Dave McKean
* Kid Eternity de Grant Morrison y Duncan Fegredo
* Hey, wait! de Jason

Y en un tono más ligero, algunos trabajos del subgénero de superhéroes como Hellboy de Mike Mignola, Dark Knight returns de Frank Miller, Watchmen de Alan Moore y Dave Gibbons o Brat Pack de Rick Veitch.

Una consideración final: de la misma manera que "like a velvet glove..." de Daniel Clowes no fue concebida originalmente como libro, muchas obras de impecable factura y sorprendente contenido no entran -por extensión, formato y/o periodicidad- dentro de la categoría de novela gráfica.
Robert Crumb, Bill Waterson, Jim Woodring, Peter Bagge, Rius, Alejandro Jodorowsky -en su faceta comiquera, no sólo como guionista- y muchos otros autores son excluidos de esta lista por una simple cuestión de formato, lo que me lleva a cuestionar la sobevaloración de la novela gráfica con respecto a géneros de menor extensión como el cuento, la tira cómica o la historieta didáctica.
Una simple tira de Calvin & Hobbes (de Bill Watterson) puede ser -en mi opinión- infinitamente superior a cientos de novelas gráficas.


2. ¿Quién es el mejor novelista gráfico o historietista de México y por qué?

Edgar Clément, sin el menor asomo de duda.
Operación Bolivar (Ediciones del Castor/Taller del Perro, 2000) es la única obra que ha abordado de manera inteligente, humorística, crítica y virtuosa el formato de novela gráfica. El resto de las novelas de factura nacional adolecen de una absurda propensión a la estulticia o bien de una pretensión barata de abordar historias baladíes disfrazadas de temas "profundos". Los historietistas mexicanos no han podido dejar atrás cierto aire pueril y ñoño a la hora de encarar este lenguaje; han hecho del cómic un medio exclusivo de adolescentes para adolescentes.

Operación Bolivar, un ensayo sobre la mentalidad barroca de los mexicanos y sus estructuras de poder, debió haber sido el punto de partida para historias que hablaran de manera articulada, adulta, crítica y humorística sobre nuestra realidad nacional. Sin embrago -a seis años de distancia- este libro se distingue por haber sido el único esfuerzo en este sentido.
La legión de adolescentes perennes del cómic nacional parece no querer saber nada acerca de su entorno real y se ha atrincherado en el país de nunca jamás.


3. ¿Cómo es percibido el lenguaje de la historieta, el cómic y/o la novela gráfica en el País?

Como un lenguaje menor, indigno de ser tomado en serio y propio de jóvenes de escasa cultura.
Durante el último cuarto del siglo XX, la historieta mexicana (producida por una industria editorial que tuvo momentos gloriosos a mediados del siglo pasado) estuvo ligada a los sectores más pobres e incultos de nuestra sociedad; los pequeños libros de bolsillo con temática semi-porno conocidos como "sensacionales", eran leídos por obreros, albañiles y chachas.
Con la apertura del mercado editorial mexicano y el ingreso de cómics gringos y manga japonés, la historieta fue adoptada de manera entusiasta por jóvenes de clase media con un perfil cultural bastante mediocre y sin herramientas críticas. Son ellos los que cierran filas en torno a las convenciones de cómics y quienes consumen las reediciones nacionales de manga y superhéroes.

Existe también un sector ilustrado que ha permanecido a la sombra desde hace casi tres décadas; familiarizado con la historieta europea, argentina, los cómics de temática adulta publicados en los E.E.U.U y Japón y los escasos ejemplares de historieta de calidad que se han hecho en México. Este sector es estadísticamente insignificante, de manera que ni siquiera es registrado por la percepción general de nuestra sociedad.


4. ¿Qué expectativas tienes sobre tu trabajo en México y en el extranjero?

La historieta ha pasado a ser casi una artesanía. La hegemonía de la industria musical, el cine, la televisión y los videojuegos la han relegado hasta un tercer plano, de manera que sobrevivirá como un lenguaje elitista sin mayor relevancia mediática.

Esto que puede sonar negativo es al fin y al cabo una buena noticia; en Europa, Argentina y un sector importante de Estados Unidos, el cómic pasó de ser un medio de entretenimiento infantil a ser un lenguaje adulto gracias a esta libertad, toda vez que fue liberada del yugo de los tirajes millonarios.


5. ¿Quién es el público actual del lenguaje en el País, qué compra, qué lee, cómo vive?

En su gran mayoría se trata de una clase media con nivel escolar universitario (que dista mucho de aquél nivel universitario de los años sesenta y setenta); con regular poder adquisitivo, bastante tiempo de ocio y sin conciencia social o de clase. Técnicamente se trata de lumpen burgueses.


6. ¿Existe retroalimentación entre México y otros países sobre el trabajo que aquí se realiza?

No, los pocos lazos que se han tendido han sido coyunturales o bien han sido unidireccionales, porque los estilos y temáticas gringas, japonesas y europeas han tenido eco en diversos sectores de la sociedad mexicana, pero México no figura actualmente como un país respetable en cuanto a producción de narrativa gráfica.

Hay algunos dibujantes mexicanos que trabajan para las industrias europea y/o norteamericana, pero lo hacen sirviendo a los estándares de la industria para la que laboran, sin aportar un estilo o temática mexicanos, de manera que su nacionalidad es irrelevante en tanto cumplan de manera eficiente con su profesión (dibujar superhéroes, relatos de fantasía y ficción etc.).
Son, a fin de cuentas, mano de obra calificada.


7. ¿Cómo evaluarías lo que se hace en México con respecto de otros países?

El nivel cualitativo y cuantitativo es ridículo si se compara con países de primer mundo como Francia, España, Japón y por supuesto, Estados Unidos. Esto se debe a la falta de industria nacional, específicamente a la falta de industria del cómic.
No puede haber productos culturales en una sociedad huérfana de las estructuras mínimas que permitan crear, producir, distribuir y retribuir los frutos de esa transacción comercial y cultural. No hay productos sin mercado.
Si la historieta nacional ha sobrevivido se debe a que se ha cobijado en la industria editorial (principalmente la del periodismo) o porque ha sido subsidiada por sus propios autores; es decir, la historieta sobrevive a pesar de este país.


8. ¿Cuál es el principal obstáculo del lenguaje en México?

La falta de estructuras, la falta de industria, la falta de recursos. El lenguaje de la historieta adolece de lo mismo que cualquier otra actividad cultural independiente del estado mexicano.


9. ¿Cuáles son las ventajas o puntos fuertes de la historieta mexicana?


En principio, creo que la historieta mexicana carece de identidad. Los casos de autores con un perfil cultural (temático y plástico) que los acredite como "historietistas mexicanos" no pasan de cuatro o cinco, y estoy siendo generoso.
El resto de autores con calidad de exportación están trabajando ya para el extranjero, pero, pese a su enorme nivel técnico, no están haciendo nada que pueda ser llamado -ni remotamente- cómic mexicano.

El único punto fuerte que encuentro en la historieta hecha por mexicanos es que ha sobrevivido, lo que en nuestro contexto cultural y nuestro momento histórico no es poca cosa.


10. ¿Cuál crees que sea el futuro del lenguaje, qué estilos, qué autores, cuáles serían tus apuestas y predicciones?

El lenguaje sobrevivirá en tanto haya autores que lo produzcan y lectores que lo consuman. No creo que la calidad mejore mientras la materia prima seamos mexicanos desinformados, ignorantes y acríticos; por tanto la historieta seguirá siendo un medio blandengue donde se prima la diversión, el humor bobo y el entretenimiento por sobre la reflexión y la crítica inteligente.

No creo que haya una generación de relevo posterior a la que formamos los historietistas que hemos rebasado la edad de Cristo (los neo-vejetes que estamos entre los treinta y los cuarenta años).

No creo que las cosas mejoren para el medio ni para el país, por lo menos en las condiciones en las que estamos.

viernes, mayo 12, 2006

Intro


Una de las causas que tornan lenta y traumática la actualización del Planeta Buba es la pésima estructura con la que fue diseñada.

Fui armando el sitio como Dios me dio a entender, esto es, en HTML; de manera que cada vez que quiero agregar diez miserables líneas de texto a la plantilla tengo que recortar, pegar, ajustar cuadros de texto, reposicionar insignificantes giff’s, jpg’s o png’s para que no se desmadre cada página etc.; es decir: una güeva.

Estoy estudiando CSS, un lenguaje mucho más ágil y eficiente en cuestión de maquetación y que permite acelerar notablemente la actualización de un sitio; pero voy a mis anchas y no se cuánto tiempo más me lleve aprender y aplicar estos conocimientos en el rediseño del Planeta Buba en su Versión 3, un upgrade considerable.

En el ínter me he quedado con las ganas de comentar, decir y lanzar improperios acerca de un montón de cosas que hubiera sido importante compartir con otra gente igual de crítica y/o amargada que yo.

(El hubiera es un verbo auxiliar que empiezo a lamentar más de lo que hubiera pensado).

Por lo pronto he decidido aprovechar la existencia de las bitácoras web (sí, aquellas que puse en entredicho en mi propia web) y bocetar ideas, reflexiones y escaramuzas que podré ir incorporando después a la página de Buba y posteriormente -incluso- a cierto proyecto que tengo apalabrado con Edgar Clément.

Me sumo, pues, a la legión creciente de blogeros del mundo (¡uníos!) y pongo a su disposición estas ideas que, espero, sean de la misma utilidad y estén a la altura de mis dibujos.

¡Arrancan!

José Quintero
Mayo 2006